LOS VALLES de Cerler y Ampriu, en pleno corazón de los Pirineos aragoneses, han sido bautizados con el nombre de montañas mágicas. Y no es para menos porque la magia radica en la belleza agreste de sus más de 60 picos. Esta fisonomía paisajística convierte a Cerler en la estación con mayor desnivel. En sus 76 kilómetros esquiables hay pistas para todos los gustos, desde las destinadas a principiantes, hasta las reservadas para esquiadores y snowborders expertos. Este año, el dominio ha abierto la pista más larga de toda España con un recorrido de nueve kilómetros que parte de la cima del Gallinero, a 2.630 metros de altitud, y donde el panorama permite contemplar la impresionante belleza del entorno presidida por las cumbres majestuosas del Aneto, Maladeta, Perdiguero y los montes Malditos. El descenso hasta la cota 1.500 entraña una dificultad media que se reparte entre pistas azules y rojas y donde la perfecta señalización permite la bajada sin ningún tipo de riesgo. El recorrido trascurre entre pistas serpenteantes, suaves pendientes y a través de bosques de pino negro hasta desembocar en la estación de Cerler. Remontes, telesillas y cintas ascienden ininterrupidamente hasta las cimas transportando a los pasajeros que suben con la sola idea del descenso. Pero no todos tienen el mismo objetivo, porque el telesilla del amor, especialmente pensado para parejas, asciende lento hasta la cima del collado Serrau no solo para disfrutar del paisaje sino también para dejar escapar ese beso de amor que produce la emoción de vivir esta experiencia. En la cima espera otra sorpresa, en la Terraza Sarrau Beach. Con una puesta en escena muy caribeña permite tomarse un cubata en la barra de hielo sentado en una hamaca playera bajo una palmera de plástico. Una nota de humor para romper el hielo. Porque Cerler es más que una estación de esquí; es el reencuentro con amigos y compartir con ellos una buena comida en alguno de los restaurantes y bares que siembran los valles; es disfrutar de un día en familia sin agobios ni preocupaciones. Aramón también ha pensado en los más pequeños habilitando un espacio en el sector de Ampriu reservado para niños de entre tres y seis años. En el Jardín de Nieve un equipo de educadores y monitores se encarga de que no les falten actividades ni juegos ni, por supuesto, clases prácticas de esquí. La noche también es un buen momento para disfrutar de la montaña. Este año el equipo de Aramón organiza safaris para grupos reducidos que ofrecen un paseo nocturno por las pistas subidos en una de las máquinas pisapistas hasta la cima del Rincón del Cielo, a 2.322 metros de altitud, donde se ofrece una copita de champán. El recorrido incluye también la visita al centro de operaciones desde donde se controlan los 365 cañones de innivación que garantizan una nieve fina y en polvo perfecta para deslizarse por las pendientes. El recorrido finaliza con una cena en el restaurante Ampriu, situado a pie de pista, donde se sirve una comida típica de la región a base de sopa, cordero, y un postre especial llamado candimos. La noche también invita a montar en moto de nieve y recorrer las blancas laderas rodeados de oscuridad solo rota por los focos de las motos. Al apagar los motores el único sonido que se escucha es el silencio de la montaña. DIVERSIÓN ASEGURADA Al terminar la jornada de esquí, espera el spa del Hotel Aneto o del Gran Hotel Benasque, para relajarse con un buen masaje a base de aceites esenciales o de chocolate, sumergirse en las piscinas de chorros o tumbarse en el yacusi. Recuperados cuerpo y mente, es el momento de dar un garbeo por Benasque disfrutando de sus calles, su gente, sus bares y su gastronomía. Muchos restaurantes tienen ofertas especiales de temporada y obsequian a los clientes con tapas gratis y descuentos en sus menús. La tienda de delicatesen El Veedor de Viandas realiza degustaciones de quesos y embutidos del valle regados con buen vino de Somontano. Para cenar, el restaurante La Llardana sirve platos típicos de la región. Y para terminar la jornada, nada mejor que tomar una copita en el pub Molly Malone, de estilo irlandés, y seguir la fiesta en la discoteca Petronila. Hasta que el cuerpo aguante.