PARA EL VIAJERO experimentado, un viaje a la Toscana italiana pasaría, sin lugar a dudas, por la increíble ciudad de Florencia. Pero no es precisamente esta ciudad la única joya de esta preciosa región italiana. Muy cerca la una de la otra, se encuentran dos ciudades que bien merecen la pena a la hora de programar una miniescapada: la famosa ciudad de Pisa, y su vecina pero no tan conocida ciudad amurallada de Lucca.

Hablar de Pisa sin hablar de su conocida torre inclinada es casi imposible, y para contemplarla en todo su esplendor, el visitante debe adentrarse en la increíble Piazza dei Miracoli. Esta explanada acoge un conjunto de preciosos edificios de mármol blanco, formados por la Basílica, el Baptisterio, el Campo Santo y la famosa torre inclinada, el principal foco turístico de Pisa, donde es fácil ver a cientos de turistas fotografiarse delante de este conjunto arquitectónico mientras ensayan divertidas fotos con la torre como protagonista. Muy cerca de esta explanada, en pleno centro del barrio de Santa María, el enclave estudiantil de Pisa, se puede con templar otra bella plaza pisana, la Piazza dei Cavalieri, un sorprendente conjunto de bellos edificios, en el que se combinan el arte islámico, el romano y algunos toques góticos.

Pero la ciudad de Pisa ofrece muchas opciones para el turista que decide quedarse más de un día y descubrir la ciudad. Por las estrechas calles de la parte más antigua de la urbe se pueden encontrar pintorescos restaurantes perfectos para disfrutar de la gastronomía pisana, llena de excelentes vinos y productos de esta región italiana. Repleta de vida, gracias a ser una ciudad que acoge a muchos jóvenes que vienen a estudiar a su universidad, Pisa tiene una divertida vida nocturna llena de bares y terrazas que cobra vida a partir del aperitivo, hora en la que la gente joven se reúne para tomar el famoso Spritz, un cóctel muy popular de Aperol, prosecco y tónica.

Otra recomendación, para los amantes de los iconos italianos, es la visita a la fábrica de Vespa. La icónica motocicleta nació en Pisa, y por ella cuenta con un increíble museo en la ciudad en el que poder ver y conocer de primera mano su exclusivo proceso de fabricación.

Aire medieval. La pequeña población de Lucca es una de las ciudades italianas con más encanto de todo el país. Amurallada y de aire medieval, Lucca sorprende por sus estrechas y empedradas callejuelas, sus preciosos palacios, sus torres y, por supuesto, por su Anfiteatro. Situado en la Piazza del Mercato, rodeado de preciosos edificios medievales, el Anfiteatro pertenece al periodo en que los romanos fundaron la ciudad.

Lucca es la cuna del compositor Giacomo Puccini, y una de las visitas obligadas para el viajero. Es la casa museo en la que el conocido compositor nació. Para empaparse del espíritu de Puccini, es muy recomendable disfrutar de los conciertos que se programan en las diferentes iglesias de la ciudad con su música como protagonista, o pasear por la principal calle comercial de Lucca, Via Fillungo, que atraviesa el casco medieval de la ciudad de norte a sur, y en el que se pueden encontrar varios de los mejores restaurantes y cafés de la ciudad, como, por ejemplo, el elegante Caffè Di Simo, un establecimiento al que Giacomo Puccini solía acudir con frecuencia a disfrutar de la excelente comida lucchese.

Un jardín en las alturas. Esta ciudad también destaca por las altas torres de los palacios que se distribuyen a lo largo de las calles de Lucca. Merece la pena subir hasta lo más alto de alguna de ellas y contemplar unas espectaculares vistas de la ciudad medieval y sus murallas. Hay especialmente una de las torres que más sorprende al visitante, la Torre Guinigi, una construcción de ladrillo rojo que se yergue majestuosamente con sus 44,25 metros de altura y sus magníficas siete encinas que coronan la cima, demostrando la grandeza de una de las familias más famosas de Lucca. Subir sus 230 escalones bien valen la pena para poder disfrutar de una de las mejores vistas de la ciudad, y escuchar el sonido de las ramas que se mecen con el viento, creando así una sensación única de estar en un jardín en las alturas.

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Texto: Carlos Vidal