Si el atardecer siempre envuelve Praga en un halo de magia y romanticismo, en Navidad este efecto se multiplica de forma excepcional. Una época del año en la que perderse por sus callejuelas (bien abrigado) adquiere un significado especial, ya que en cualquier momento el visitante puede encontrarse a lo largo de todo el mes de diciembre con un mercadillo lleno de luces, donde comprar adornos y recuerdos, merendar alguna especialidad checa y, sobre todo, participar de la vida popular de la ciudad. Para ello –y sin que sirva de precedente– hay que dejar la cerveza a un lado y decantarse por el vino caliente con especias o el grog, una mezcla de agua azucarada con ron. El frío será, entonces, un simple recuerdo.

Al día siguiente, con la claridad del día, puede ser una buena idea buscar algún punto elevado que permita abarcar una amplia panorámica de la conocida como la ciudad de las 100 torres, con sus tejados nevados y la brisa helada purificando el ambiente. Se podría empezar el tour aéreo desde la famosa Torre de la Pólvora, situada junto a la Casa Municipal, que ofrece una magnífica vista de la ciudad, o desde la Torre del Ayuntamiento, ideal si lo que se quiere es conseguir una imagen de postal navideña con la torre del reloj y la iglesia de Tyn, además de los coloridos mercadillos. La torre de la catedral de San Vito, la más alta de la ciudad, ofrece unas magníficas vistas de la ciudad desde el mismo castillo de Praga.

También, si se es de los que prefiere disfrutar de una buena comida, el Hotel Intercontinental tiene como telón de fondo, entre torres y más torres, toda la calle Parizska con los escaparates adornados para estas fechas. Por otro lado, el restaurante de la Casa Danzante (edificio deconstructivista diseñado por Frank Gehry y Vlado Milunic, cuyas formas recuerdan a una pareja de bailarines) cuenta con vista directa al castillo, al río Moldava y a los numerosos puentes que lo cruzan de lado a lado, como el famoso puente de Carlos. Finalizado a principios del siglo XV, comunica la Ciudad Vieja con Malá Strana (cuya traducción podría ser la de ciudad pequeña) y está protegido por tres torres de impecable factura gótica.

Juego de contrastes. Luego se puede volver de nuevo a recorrer el núcleo histórico y la plaza de Wenceslao para seguir explorando los mercados artesanos que ofrecen entrañables marionetas y juguetes de madera. Quien considere que la Navidad es sin lugar a dudas la mejor época del año no puede dejar de maravillarse con el árbol ubicado en plena plaza de la Ciudad Vieja, traído cada año desde las montañas Krkonose y que se ilumina a partir de las 17.00 horas. Entonces se establece un juego de contrastes entre el afable abeto navideño y el oscuro skyline gótico, recreando a escala real el que podría ser el escenario perfecto para un cuento de Edgar Allan Poe o una película de Tim Burton

 

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Texto: Xavi Datzira