Múltiples opciones náuticas para descubrir el perfil y el cromatismo de la Costa Brava desde mar adentro.

Para obtener una perspectiva completa de la Costa Brava no solo basta con contemplar sus espectaculares acantilados, recorrer los escarpados caminos de ronda, descubrir calas recónditas, soñar con sus contrastes, maravillarse con el azul intenso del horizonte o degustar su gastronomía marinera. Todo ello constituye un preludio necesario, pero hace falta algo más para descubrir su intensidad cromática y singularidad geográfica: hacerse a la mar. Por suerte, sus brisas empujan millas adentro veleros, catamaranes y demás para obtener un punto de vista inequívocamente mediterráneo.

A lo largo de los 200 kilómetros de costa gerundense existen múltiples espacios marítimos, que se traducen en una gran variedad de opciones náuticas, como rutas en kayak, salidas en catamarán o velero y también inmersiones que permiten percibir este espacio heterogéneo y único desde otra dimensión. Si el lugar escogido es la bahía de Roses o en la zona del Cap de Creus, donde soplan ráfagas de la famosa tramontana (viento del norte), la mejor opción es la práctica del windsurf en sus distintas modalidades, como las conocidas como wave expression o freestyle, así como la modalidad de surf con cometa o kitesurf.

En este sentido, en la bahía de Roses se celebra durante el próximo mes de junio el Gran Premio Catalunya Costa Brava de Windsurf, prueba del Circuito Mundial de la Professional Windsurfing Association (PWA), con la participación de los más importantes y reconocidos especialistas del mundo que mostrarán su habilidad y pericia saltando las olas del Mediterráneo.

Espíritu marinero. También cabe la posibilidad de realizar excursiones en catamarán y chárteres con veleros modernos y tradicionales que, conducidos por marineros expertos, llevan a sus pasajeros a visitar parajes sorprendentemente encantadores del litoral de Girona.

Por otro lado, si el visitante se encuentra en algunas de las zonas más abruptas e inaccesibles de la Costa Brava, como el parque natural del Cap de Creus, L’Estartit, la reserva marina de las islas Medes o Punta Espinuda, el modo de transporte debe cambiar. En este sentido, es imprescindible que salga a remar en kayak o que se sumerja en las profundidades y penetre en las pedregosas grutas donde descubrirá los más insospechados rincones de este territorio.

En las profundidades. El submarinismo es una actividad que atrae a cada vez más practicantes, interesados en descubrir y explorar el fondo marino. Como respuesta a esta creciente demanda, han proliferado paralelamente los centros de inmersión –junto con la creación de la Asociación de Centros Turísticos Subacuáticos Costa Brava Sub, con cerca de 30 miembros– que se dedican a guiar a los submarinistas hasta las profundidades del Mediterráneo. La fauna marina en esta zona es rica y abundante: corales, peces de especies exóticas, algas…

Los submarinistas disponen de espacios naturales protegidos donde practicar su deporte y descubrir muchos tesoros que todavía hoy se ocultan en las aguas mediterráneas. Por ejemplo, son muchas las galeras romanas sumergidas delante de las costas del Cap de Creus después de que las olas y los potentes vientos del norte las hicieran naufragar con sus bodegas repletas de ánforas de vino, maíz o aceite, y delicadas telas y joyas.

Además, este tramo del litoral catalán ofrece a los aficionados de los deportes náuticos una importante infraestructura en puertos deportivos formada por 17 instalaciones náuticas. Cabe destacar también los puertos comerciales de Roses y Sant Feliu de Guíxols, así como el puerto comunitario de Palamós.

La gran diversidad de actividades lúdicas y náuticas en la Costa Brava cuenta además con una amplia oferta de excursiones que pueden hacerse en barcos convencionales o con el fondo de cristal. Estos últimos ofrecen al pasajero un nítido espectáculo visual del fondo marino. Resulta fácil embarcarse desde los puertos en pequeños cruceros que recorren el litoral de la costa y que permiten que bañistas y deportistas accedan a aquellas playas de piedras o arena fina que solo son accesibles por mar.

Desde Palamós, L’Estartit, Roses o Lloret salen diariamente barcos que hacen escala en calas y playas aisladas ofreciendo al visitante otra imagen distinta de la Costa Brava, que hace solamente unas cuantas décadas eran patrimonio exclusivo de los pescadores y marineros de la zona.

Texto Xavi Datzira