ESPACIOS DESMESURADOS donde se pierde la vista, paisajes de película que cambian de color con el paso de los meses y bosques densos salpicados por largos ríos, saltos y cascadas. La región francófona de Canadá, Quebec, es el destino ideal para los que buscan tranquilidad y contacto con la naturaleza. El paisaje viene marcado por el San Lorenzo, uno de los ríos más largos del mundo. Esta vía navegable entre el océano Atlántico y Los Grandes Lagos ofrece en su curso estampas extraordinarias que se funden en verde y azul entre el agua y el cielo. Para poder apreciar las numerosas vistas panorámicas se recomienda alquilar un coche y hacer escala en los diversos pueblos portuarios, islas e islotes que se extienden a lo largo de la costa. Las carreteras que siguen el curso del San Lorenzo ofrecen numerosos lugares donde detenerse para divertirse, comer, apreciar el paisaje o entrar en contacto con la vida en toda su intensidad. En muchas regiones las ciclovías de la Ruta Verde permiten acceder fácilmente a las mismas orillas del río. Bucólicas son las islas de Boucherville, a las que se puede llegar fácilmente. Grosseîle, Orleans y la isla Aux Coudres merecen una visita por su riqueza histórica y patrimonial. Los faros de las islas Verte y Rouge guían a los navegantes y Anticosti, isla solitaria, alberga en su vasto territorio grandes manadas de ciervos de Virginia. Un poco al margen del resto, las islas de la Madeleine ofrecen magníficas dunas de arena clara entre acantilados rojos.

A GOLPE DE REMO

Las extensiones de agua hacen de Quebec el paraíso del kayak de mar. Sus aguas bravas brindan intensas emociones a los aficionados a este tipo de aventuras, ya sea en canoa o en kayak de río. El balsismo también promete sensaciones fuertes. Para los adeptos del senderismo, Quebec dispone de cientos de kilómetros de senderos que atraviesan valles, mesetas y bosques. También es un lugar ideal para hacer excursiones largas, principalmente en el Parque Nacional de Saguenay que, en algunos lugares, ofrece vistas excepcionales del fiordo. Por la noche, los campistas podrán deleitarse observando estrellas fugaces o una espléndida aurora boreal. Y es que en esta región de herencia amerindia e inuit se pueden apreciar postales de ensueño, como un amanecer frente a un lago brumoso, un castor nadando o un alce americano bebiendo en el río junto a su cría.