nuremberg

Un recorrido por la ciudad alemana de Núremberg descubre los tesoros que el país germano ha podido salvar y recuperar tras la dominación nazi

Texto: Pilar Enériz

La ciudad alemana de Núremberg, situada a orillas del Peg-nitz, el río que divide el casco antiguo configurando un centro histórico de gran singularidad, se caracteriza por ofrecer al viajero un escenario medieval donde destaca su castillo imperial. Núremberg es un destino tranquilo, una mezcla entre la historia que nos traslada a la edad media y su modernidad actual siendo, hoy en día, el segundo centro económico de la región de Baviera.

La ciudad ofrece eventos singulares al visitante como el festival internacional de música y poesía, Bardentreffen, que se celebra en julio, la fiesta del casco antiguo más grande de Alemania, Altstadtfest, o el conocido mercado de Navidad, el Christkindlesmarkt, en el que se vende una de las deliciosas especialidades de la región bávara, el Lebkuchen, el dulce más conocido de Núremberg.

Dado que el casco antiguo está rodeado por cinco kilómetros de muralla medieval (con un foso hoy convertido en zona verde y vía de circulación de bicicletas) el acceso debe realizarse a través de alguna de sus diez puertas.

Cruzada la antigua defensa, el visitante accede a un entramado de calles con fachadas medievales, que dan idea del poder que tuvo la ciudad durante varios siglos y cuya muestra más representativa es la construcción –año 1100–, de una fortaleza para proteger la ciudad, que Enrique III convirtió en palatinado.

El casco antiguo se divide en dos grandes barrios separados por el Pegnitz. El de San Lorenzo cobijaba a comerciantes y patricios, y en él destaca la basílica del mismo nombre que alberga en su interior vitrales y numerosas figuras medievales, y especialmente un sagrario gótico del siglo XV, tallado en piedra, que se alza como una aguja junto al altar.

RECUPERACIÓN. Una sorprendente política de protección del casco histórico ha permitido a Núremberg recuperar hasta 80 torres de las más de 150 que llegó a tener la ciudad, reconvertidas en residencias de estudian-tes, museos, galerías de arte y otros espacios lúdicos y culturales, para el disfrute de sus habitantes y visitantes. No hay que perderse la misteriosa Torre del Verdugo, así llamada porque era la vivienda que el ayuntamiento cedía al funcionario público que ejercía dicho cargo.

Dejando atrás el río y San Lorenzo, las calles se empinan. Es la subida a San Sebaldo, antiguo barrio de arte-sanos que también debe su nombre a su iglesia principal con un delicado equilibrio de románico y gótico. En es-ta zona se encuentra también la casa natal del pintor Durero –hoy convertida en museo– y el castillo imperial en lo alto de la colina, desde cuyos jardines se divisa una estupenda vista de los tejados, cúpulas y campanarios de la vieja ciudad. En San Sebaldo debe visitarse la Weissgerbergasse, una calle de preciosas casas medievales originales, los antiguos talleres de artesanos hoy reconvertidos en tiendas de diseño y atractivas zonas de ocio.

PROPUESTAS. Otra visita interesante es un recorrido por la red de túneles subterráneos, creados originariamente para la fabricación artesanal de cerveza, los mismos que después fueron utilizados, durante la segunda guerra mundial, como refugio antiaéreo.

Como curiosidad, destacar que en esta ciudad destacan algunos de los escenarios que más se identifican con el nazismo, por ejemplo el Coliseo –un centro de congresos inconcluso– y el Campo Zeppelin, una enorme explanada que conserva una tribuna levantada para el Führer, que permite apreciar la megalomanía del Tercer Reich. Pero no solo de historia vive Núremberg, un ciudad con singulares eventos culturales en su magnífico Teatro de la Ópera, o sus populares conciertos al aire libre en la época estival como el Festival Klassik Open Air, o el Festival del Bardo.

Para los amantes de las compras, esta urbe conserva el legado de los mercaderes medievales, tanto en los grandes establecimientos modernos como en los pequeños comercios tradicionales del casco antiguo.