EL VINO

 ES el motivo principal, pe- ro también la excusa. La Rioja Alave- sa propone una ruta a través de 15 municipios y cuatro juntas adminis- trativas abocadas desde tiempos re- motos a la cultura de la vid. Un in- menso viñedo salpicado de villas me- dievales que albergan bodegas, eno- tecas y museos, pero que también ofrecen al visitante calles llenas de sa- bor, actividades culturales y deporti- vas, un rico patrimonio arqueológico, hoteles con encanto y una gastrono- mía enraizada a la tierra digna de ser maridada con los mejores y más re- presentativos caldos de la zona. Un itinerario completo apoyado por el aliciente de degustar los matices que aporta cada una de las 400 bo- degas de la comarca, de sumergirse en su proceso de elaboración y de respirar vino por los cuatro costados. La labor de exploración tiene su re- compensa cuando se prueban los caldos surgidos tanto de cuevas construidas en la edad media como de las instalaciones más vanguardis- tas. Unos vinos que gozan de presti- gio internacional gracias a la calidad que le aporta el suelo arcillo-calcáreo de la zona –ideal para que las cepas absorban la humedad necesaria–, el clima, la protección de la Sierra Can- tabria, el cuidado de sus gentes y las innovaciones tecnológicas.

CAMINO A LAGUARDIA

A lo largo de todo el territorio de la Rioja Alavesa aparecen pueblos que combinan su espíritu vinícola con lu- gares de interés. A pesar de que la propuesta de todos ellos se unifica bajo el nombre de la Ruta del Vino, no existe un itinerario fijo a seguir. Una buena idea puede ser situarse prác- ticamente en el medio de la región y comenzar por Laguardia, que está si- tuado a 18 kilómetros de Logroño y a 50 kilómetros de Vitoria y es uno de los municipios que deparan un ma- yor número de sorpresas. Fundado en el siglo X como defensa del Reino de Navarra, conserva casi intacto su trazado medieval. En sus inmedia- ciones aparece el Centro Temático del Vino Villa Lucía, ubicado en un edifi- cio que recrea la arquitectura popu- lar de las típicas bodegas populares alavesas y que alberga un museo que concentra toda la historia y los ritua- les del vino, a través de efectos au- diovisuales, catas virtuales, paneles, maquetas y hologramas.

Después de la visita, no hay otro remedio que encaminarse hacia al- guna de las bodegas del pueblo para comprobar de forma real lo apren- dido en el museo. Las opciones son múltiples: El Fabulista, Mayor de Mi- gueloa, Campillo, Heredad Ugarte, Laudote, Palacio, Solar Viejo, Ysios o Viña Real, entre algunas otras. Entre las callejuelas de su casco antiguo también se encuentran algunas eno- tecas y vinotecas, que se combinan a la perfección con la oferta gastro- nómica encabezada por el bar Velar –y sus más de 80 variedades de pin- txos– o los restaurantes Amelibia o Marixa. Para descansar de tanta ida y venida gastronómica, existen hote- les ubicados tanto en antiguas bo- degas como en castillos del siglo XIX. La ruta puede seguir por diferentes caminos, todos ellos marcados por la vocación vinícola, pero también via- jera. Tradición y modernidad se alter- nan, e incluso conviven, como en El- ciego, donde las torres gótico-rena- centistas se reparten el protagonis- mo con la arquitectura de vanguar- dia. Un poco más al norte, en Elvillar, el tiempo da un paso atrás conside- rable y se detiene en la prehistoria, gracias a un dolmen conocido como la Chabola de la Hechicera.

 En todas direcciones, localidades que se le- vantan entre viñedos y con las mon- tañas como telón de fondo. Entre sus murallas fortificadas, descansan ca- llejuelas, torres e iglesias y tienen lu- gar fiestas y tradiciones. De Salinillas de Buradón a Labraza y de Kripan a Lapuebla de Lamarca, pasando por Baños de Ebro o Yecora. Una ruta que por sí misma ya tendría prácti- camente todos los alicientes. Los vi- ñedos, las bodegas y las enotecas no hacen más que multiplicar su interés, y el vino, unificar su razón de ser.