“TODA LA CIUDAD es un escenario”. Esta frase, pronunciada por el productor y director teatral Max Reinhardt, capta la esencia de Salzburgo. Las calles angostas que inspiraron a este hombre del teatro para crear en 1920, junto al compositor Richard Strauss y el poeta Hugo von Hoffmanstahl, un festival que incluyera ópera, teatro, ballet y música clásica siguen conservando sus aires barrocos. Reinhardt, de origen judío, tuvo que huir a Estados Unidos tras la subida al poder del régimen nazi, y murió allí en 1943. Pero el renombrado Festival de Salzburgo del que fue artífice continúa aún hoy transformando esta tranquila ciudad alpina en la capital de la música y el teatro europeo durante los meses estivales. Este año el festival, que se celebra del 23 de julio al 31 de agosto, se une a los festejos por el 250 aniversario del nacimiento de su hijo predilecto Wolfgang Amadeus Mozart con la escenificación de sus 22 óperas, operetas y fragmentos teatrales. Para completar la conmemoración, la casa de la Getreidegasse, 9, donde nació el compositor, y la de la Markplatz, 8, donde vivió desde 1773 a 1780, son una visita obligada para todo amante de la música. Un recorrido por Salzburgo podría iniciarse en la plaza de Mozart, presidida por un monumento al genial creador, obra de Ludwig Schwanthaler. Impasible al paso del tiempo, la plaza está situada en uno de los cascos antiguos más hermosos de toda Europa, declarado en 1997 patrimonio de la humanidad por la Unesco. Perderse por las callejuelas del centro –Getreidegasse, Jugendgasse, Goldgasse, Kaigasse, Linzergasse, Steingasse– es como adentrarse en un viaje por la historia, desde la edad media hasta el barroco, a través de los estilos arquitectónicos de las casas, en perfecto estado de conservación.

MONUMENTOS IMPERIALES
Víctima de épocas convulsas, la catedral románica original, construida en el año 774 en el centro del primitivo pueblo romano de Juvavum, fue presa de las llamas en dos incendios en 1167 y 1598. En su lugar se erigió en 1628 una iglesia, obra del arquitecto Santino Solari, que combina el barroco y el románico. Una bomba dañó la cúpula y parte del altar en 1944, que fue restaurado definitivamente en 1959. Además de este monumento sacro, sobre el histórico Juvavum descansa también la abadía de San Pedro. Este monasterio benedictino cuenta con uno de los cementerios más famosos del mundo, sepulcro del arquitecto Solari, el compositor Haydn y algunos familiares de Mozart, entre otros. La fortaleza de Hohensalzburg, símbolo del poder secular y religioso de los príncipes arzobispos, se levanta 120 metros por encima de la ciudad. Fácilmente accesible mediante un funicular, este castillo es el mejor mirador para dejarse seducir por la inconfundible silueta de Salzburgo. El palacio de Mirbell y el de Hellbrunn, ambos construidos en el siglo XVII, son también una muestra de la variada paleta de estilos arquitectónicos que ofrece esta localidad centroeuropea. Los jardines que rodean estos dos edificios son una joya del diseño. En Hellbrunn, por ejemplo, se encuentra el Teatro de Piedra, el escenario de teatro al aire libre más antiguo de Europa, construido en una cantera natural.