LA MIRADA al infinito relaja la visión y el espíritu. La línea divisoria entre mar y cielo es una de las más recurrentes, pero la montaña también ofrece panorámicas cautivadoras. Con un mirador bien escogido, el paréntesis psicológico está asegurado. Así se concibe el Hotel Santa Cristina, en pleno Pirineo aragonés, el refugio idóneo para aquellos que necesitan olvidar –al menos momentáneamante– el calor del asfalto, el aire viciado, el estridente cláxon y el paso rápido. A cuatro kilómetros de Francia y próximo a las estaciones de esquí de Candanchú y Astún, el establecimiento hotelero es un gran edificio de montaña construido a finales del siglo XIX. Un espacio puesto al día por un joven empresario, Fernando Iranzo, que ha trabajado a partir de una premisa: reinventar el Hotel Santa Cristina y convertirlo en un destino deseable para un cliente urbano y profesional, nostálgico de la naturaleza, la tranquilidad y las sensaciones auténticas. El alojamiento cumple con todos los requisitos para convertir en inolvidable una escapada de fin de semana, en pareja, con familia o amigos: un entorno natural impresionante, una buena oferta de actividades deportivas y al aire libre –senderismo, balsismo, equitación o vuelo sin cuatro salas, de diferentes tamaños, en las cuales es posible instalar todos los medios audiovisuales y tecnológicos necesarios para satisfacer cualquier exigencia corporativa. Un esfuerzo por ampliar el concepto de servicio integral que ofrece el hotel. De todo enmedio de la nada.