SANTIAGO DE CUBA se muestra orgullosa de dos distinciones. Por un lado, las gestas libertarias de sus habitantes a lo largo de la convulsa historia del país le han valido el título de Ciudad Héroe, la única en toda la isla. Por el otro, la explosiva mezcla caribeña que corre por la sangre de sus gentes la ha convertido en la cuna de la música popular cubana. Leyendas como Compay Segundo, Ibrahim Ferrer o Eliades Ochoa se forjaron en sus calles, y de ellas surge un ritmo permanente que muestra mejor que nada la auténtica esencia de Cuba, la que sale de la combinación de razas y culturas, de la herencia española y de las aportaciones africanas, de la guitarra y las percusiones que conforman el son. Algunas localidades centran su atractivo en sus monumentos. En Santiago, el interés está siempre en suave movimiento y se descubre al doblar cualquier esquina. La misma actividad de sus habitantes, conocidos por su hospitalidad y temperamento desenfadado, ya es digna de atención. Pero lo es aún más si tienen algún instrumento en las manos. Muchos de ellos se reúnen en la Casa de la Trova, en la calle de Heredia, punto de encuentro de los trovadores de los diferentes barrios, donde cada noche las melodías pegadizas y los coros festivos se acompañan con puro habano y mojito.

FIESTA POPULAR

Las personas que tengan la suerte de viajar a la ciudad por estas fechas, concretamente a finales de julio, se encontrarán con el nivel de efervescencia musical por las nubes. Y es que a partir del día 25 de este mes comienza el Carnaval Santiaguero, una fiesta de marcado acento popular que bebe directamente de las influencias africanas y haitianas, y pone durante varios días la ciudad patas arriba. Una de sus manifestaciones más plásticas son las congas, auténticas procesiones en las que una marea humana avanza bailando y cantando improvisados estribillos al ritmo que marcan los tambores. Los orígenes de la fiesta se sitúan a finales del siglo XVII, cuando los fieles celebraban el día de varios santos. A medida que pasaban los siglos, el acontecimiento se fue transformando en una explosión de sabor y música cien por cien caribeña y bastante alejada de cualquier motivo religioso, que tiene en las comparsas otro de sus ejes. Decenas de bailadores ataviados con un vestuario colorido representan coreografías inspiradas en las tradiciones y la vida de los santiagueros. Un desfile que va acompañado por carros alegóricos y efectos de luces, al estilo brasileño pero con el toque inconfundible cubano. Como no podía ser de otra forma, los escenarios brotan por todos los rincones de la ciudad para inundar el ambiente de son, trova, merengue, latin jazz, e incluso rock’n’roll. Con los pies todavía contagiados por el ritmo nocturno, llega el momento de callejear por el centro histórico de Santiago en busca de los diferentes testimonios de la vida política, cultural y social de la capital de la provincia de Oriente. El elegante edificio del ayuntamiento, por ejemplo, desde donde se anunció el triunfo de la Revolución el 1 de enero de 1959. Está situado en el Parque Céspedes, la plaza que constituye el centro por antonomasia, y donde también se encuentran la catedral y las mansiones de las principales familias de la villa. En el museo Emilio Bacardí se concentran valiosas colecciones artísticas y arqueológicas, en el Teatro Heredia se representan los principales eventos nacionales e internacionales y desde la azotea del Hotel Casa Granda se consiguen unas vistas excelentes de la ciudad.

COCOTEROS Y PALMERAS

Para acabar, solo hace falta alejarse unos kilómetros de Santiago para toparse con playas de aguas cristalinas, arena fina y cocoteros y palmeras que llegan hasta la misma orilla. Al este destacan Juragúa, Daiquirí o Costa Morena. Al oeste, Mar Verde, El Francés o Buey Cabón. La más cercana es Siboney, la más frecuentada por los santiagueros y pueblo natal de Compay Segundo. Y es que, en Cuba, la música acompaña a todas partes.