CANTIDAD O CALIDAD. La mayoría de los cruceros que navegan por el Mediterráneo optan por la primera: barcos gigantes preparados para exprimir el espacio y dar cabida al máximo número de personas posible. En el lado contrario, Silversea, la naviera de superlujo miembro de Luxury Alliance, huye de las masificaciones. Mejor menos huéspedes, pero a los que se les pueda ofrecer un servicio atento y personalizado. Para el cliente, el primer gran valor añadido es el todo incluido, un servicio gracias al cual no debe preocuparse de pagar bebidas ni dar propinas durante el trayecto. Todo ha sido costeado antes de zarpar. A partir de ese momento, basta con disfrutar, en la medida que el cuerpo aguante. Disfrutar, por ejemplo, del impresionante surtido de vinos, champán y licores de su bodega, que se aprovisiona en las subastas de añadas antiguas de la casa Christyes de Londres, lo que la convierten en la mejor vinacoteca navegante del mundo. Disfrutar de los turnos abiertos del restaurante principal, gracias a los que el pasajero puede comer en el momento en el que su estómago se lo demande. Y que no se sorprenda si, al segundo día, el personal de a bordo se le dirige por su nombre. Eso entra dentro de la estrategia de personalización. Al igual que la bandeja de exquisitos canapés y delicatesen con la que se le agasaja cada tarde en su suite. También en este caso, según las preferencias de quien los degustará. Acompañando esos placeres, el bar de la suite siempre estará dispuesto para descorchar la botella preferida. Y si no fuera así, solo hay que pedirla. Y es que en las habitaciones no falta ningún detalle, desde la más pequeña hasta las inmensas suites con cadena musical, televisión de plasma, DVD, frutas y flores frescas, gran bañera, vestidores y baños decorados en mármol.

CUIDADOS CULINARIOS

Silversea se detiene especialmente en el ámbito gastronómico. En sus cruceros es posible asistir a demostraciones en vivo de manos de los mejores chefs de Relais & Chateux-Relais Gourmand, asistir a conferencias, catas y excursiones guiadas a las vinaterías y viñedos más famosos del Mediterráneo. Pero, sobre todo, disfrutar de una cocina innovadora, artística y, en ocasiones, de inspiración regional, sobre manteles de lino que soportan la vajilla de plata con el sello Christofle y la cristalería Schott Zwisel.

PROGRAMA AL GUSTO

Para no tenerse que preocupar de nada desde el momento que se abandona el primer puerto, es posible programar previamente qué excursiones y salidas se realizarán durante el crucero. Las Silversea Enrichment Series lo facilitan en cada itinerario. Y si lo que se prefiere es personalizar la actividad, el personal especializado de a bordo puede preparar una visita exclusiva, al gusto del cliente. Pero siempre hay un pasajero a quien lo que realmente le atrae de asistir a un crucero es la posibilidad de desconectar de tierra firme y pasar gran parte del trayecto sobre agua. Para este el ideal vacacional está más bien en la piscina, o en alguno de los yacusis, abiertos las 24 horas al aire libre y atendidos constantemente por camareros. Y sin abandonar la posición horizontal, el siguiente destino puede ser una de las camillas del centro termal Mandara Spa, seleccionado como el mejor de alta mar. Sus tratamientos van desde los específicos faciales que aplican las más novedosas tendencias –como la proteína natural de la seda japonesa–, hasta las más variadas terapias para el descanso del cuerpo, utilizando la aromaterapia, técnicas hawaianas o de distintos países asiáticos, reflexología, cuidados del cabello y las uñas y clases de yoga o pilates. Para terminar la jornada, nada mejor que homenajearse con el menú diario Cruiselite, basado en suculentos platos bajos en colesterol, grasas y sodio. Y para contrarrestar tantos cuidados, algún que otro exceso en los bares, en el casino o el teatro. Porque, no hay que olvidarlo, en el equilibrio está la virtud.