A POCO MENOS DE MEDIA

 hora de Lisboa se encuentra la sierra de Sintra, antaño elegida por los reyes de Portugal como lugar de veraneo por sus suaves temperaturas estivales y su exuberante vegetación. Es conocida también como Monte da Lua (Montaña de la Luna), ya que sus antiguos moradores, prehistóri- cos y romanos, la utilizaban como san- tuario de adoración al sol y a la luna. Y es este pasado esotérico y su enclave, con- siderado fuente de energía telúrica, el que hace de este un lugar casi mágico. Por este motivo, un excéntrico y adinerado masón decidió, a principios del siglo XX, edificar en ella una villa donde poder rea- lizar el culto iniciático de los masones si- guiendo los ritos templarios. El conjunto histórico de Sintra destaca por sus palacios de cuento y sus quintas románticas, por su frondosa vegetación y sus austeros monasterios, por su ma- jestuosidad y, cómo no, por su misterio, lo que llevó a la Unesco a declararla pa- trimonio mundial en 1995.

Pero la belleza de Sintra no solo atrajo a monarcas y ricos hacendados, sedujo también a intelectuales como Lord By- ron, quien solía pasar lar- gas temporadas en este lugar, alo- jándose en el hotel que lleva hoy su ilus- tre nombre, el Hotel Laurence. Data de 1754 y está considerado el más antiguo de Europa. Pequeño y confortable, des- tacan sus salas de lectura. Los escritores portugueses Camoes y Saramago tam- bién fueron seducidos por la magia de Sintra. No en vano este último, premio no- bel de literatura, se recrea minuciosamente en su recorrido en Viaje a Portugal. La pequeña ciudad de Sintra, también conocida como Vila Velha (ciudad vieja), es un entramado de estrechas calles en cuesta con edificios pintados de colores y adornados con azulejos. Llena de pe- queñas tiendas, restaurantes, anticuarios, acogedores cafés y pastelerías donde po- der degustar los deliciosos travesseiros (dulces de almendra), hace que sea un lu- gar idóneo para pasar un fin de semana. En ella se encuentra el Palacio Real, del que destacan sus dos enormes y originales chimeneas cónicas.

Es imposible defi- nir a qué estilo ar- quitectóni- co pertenece, pero es precisamente ahí donde radica su atractivo, en esa mezcla de árabe, gótico y manuelino que sus múl- tiples moradores fueron añadiendo y cam- biando a su antojo. Lo mejor, los mosai- cos y azulejos que riegan todo el palacio, ya que alberga el mayor museo de azu- lejos de toda Portugal. A partir de aquí hay que tomarse su tiempo, ir sin prisas, y prepararse para adentrarse en un mundo mágico y catár- tico, caminar por los senderos de un bos- que que inspira tranqui- lidad y recogimiento ante una natu- ra l e z a variopinta y jurásica enmohecida por una pertinaz humedad. Inmersa en una exul- tante floresta se encuentra la Quinta da Regaleira, construida por Carvalho Mon- teiro y diseñada por el arquitecto Luigi Ma- nini a principios del siglo XX.

Este rico ma- són aficionado al esoterismo dio aquí rienda suelta a sus delirios. Pero el summum del delirio arquitectó- nico de este conjunto histórico se mani- fiesta en el Palacio da Pena. Allí, nada tie- ne coherencia ni simetría, pero la mezcla de estilos gótico, renacentista, mudéjar, manuelino, así como los vivos colores con que están pintadas las diferentes torres, hace que sea increíble y extravagante. Su construcción dio comienzo en el año 1840 por encargo de Fernando de Sajo- nia Coburgo Ghota de Baviera, marido consorte de la reina Maria II y bajo la di- rección del excéntrico arquitecto alemán el Barón von Eschwege. Las habitaciones rodean el claustro del antiguo convento de los jerónimos so- bre el que fue construido el palacio. Abi- garradas hasta el agobio, no les falta de- talle ni espacio que no esté ocupado. Todo parece suspendido en el tiempo como si sus moradores fueran a llegar en cualquier momento. En él murió Fernan- do II en brazos de su amante, la conde- sa Elda, en 1885, pero no fue hasta 1910, con la proclamación de la república, cuan- do paso a ser Museo Na- cional.

Fue destino predilecto de escritores como Lord Byron, Luis de Camoes y José Saramago

Oficina de Turismo Portugal

www.visitportugal.org

Tel. 902 88 77 12