Medinaceli-CastilloTexto y fotos @AlvaroLaforet

Los Picos de Urbión y la Laguna Negra son algunos de los espacios naturales sorianos más destacables.

“ES LA TIERRA DE SORIA árida y fría. Por las colinas y las sierras calvas, verdes pradillos, cerros cenicientos, la primavera pasa dejando entre las hierbas olorosas sus diminutas margaritas blancas”. Así empezaba el poema Campos de Soria del gran e ilustre poeta Antonio Machado.

No hay mejor descripción para una tierra de grandes gestas, sin olvidar los grandes hombres que allí dejaron huella, como el Cid Campeador, Bécquer, Gerardo Diego o Unamuno. Con una población de menos de 100.000 habitantes, la provincia es uno de los territorios con menos habitantes de la geografía española pero, a la vez, una de las tierras más vírgenes. El despliegue cartográfico de Soria va desde la ruta de los poetas al Camino del Cid, pasando por Soria la Verde y la Rivera del Duero. Además, están las Tierras del Valle y las Altas de Burgo, sin olvidar Berlanga, Medinaceli y Almazán. Los amantes de la naturaleza encontrarán allí una gran variedad de fauna salvaje, como corzos, jabalís, ciervos, gatos monteses y lobos. Hay que destacar la gran colonia de buitres salvajes leonados que habitan en los montes sorianos.

Soria es una provincia que hay que visitar con escalas, ya no solo por su extensión geográfica, sino por su alto contenido cultural, que se escribe en cada pueblo. La ruta comienza en Almazán, nombre proveniente del árabe cuyo significado es el fortificado. En el año 1068, esta población fue conquistada por Alfonso VI de León y posteriormente recuperada para el Al-Ándalus hasta la reconquista. Fue una villa que los Reyes Católicos visitaron en numerosas ocasiones. Como nota curiosa, en Almazán fue donde murió el dramaturgo Tirso de Molina. Para los amantes de la arquitectura, es imprescindible visitar la Puerta de los Herreros, la Puerta del Mercado y la iglesia de San Miguel, joyas del románico soriano.

Fortaleza Califal Gormaz (2)

Morón de Almazán. No muy lejos de esta villa, se encuentra Morón de Almazán, con un patrimonio histórico digno de ser visitado. Su plaza mayor alberga edificaciones del siglo XVI, como el palacio renacentista de los Mendoza de Morón y la iglesia gótica Nuestra Señora de la Asunción. Para acabar la visita en esta villa, nada mejor que hacerlo con la visita del Museo Provincial del Traje, en el Palacio de los Hurtado de Mendoza. En este museo se exhiben numerosas prendas tradicionales de la región donadas por los vecinos de la provincia.

La ruta continúa por Baraona, Cañón del Río y Rello. Son villas para perderse, pasear y huir del estrés de las grandes urbes. Todos ellos son pueblos campestres construidos con piedra y madera. En la misma zona se encuentra la ermita mozárabe de San Baudelio de Berlanga. Es una edificación con un alto interés tanto arquitectónico como pictórico, por sus pinturas románicas. Tanto es así que a esta iglesia se conoce popularmente como la Capilla Sixtina del arte mozárabe.

Berlanga del Duero. La importancia de esta villa se remonta a la edad media, ya que servía como frontera natural entre los reinos moros y cristianos. Allí se halla el Palacio de Berlanga, en la falda de un castillo del siglo XV. También es indispensable visitar la Colegiata de Santa María del Mercado, construida entre los años 1526 y 1530 por el arquitecto Juan de Rasines, donde destacan los retablos y las tallas de las capillas (esta edificación fue declarada bien de interés cultural).

Muy cerca de esta villa se encuentra la fortaleza califal de Gormaz, que se comenzó a construir en el siglo IX durante el califato de Córdoba. Este castillo se convirtió en una pieza clave de la defensa musulmana frente a los cristianos. Lo más destacable de esta fortaleza es el alcázar, la torre del homenaje –torre de Almanzor–, el aljibe y los aposentos califales. Esta edificación estuvo en manos de los musulmanes hasta 1060, cuando fue conquistada por Fernando I de León. Además, el Cid Campeador –Rodrigo Díaz de Vivar– fue señor de Gormaz desde el año 1087.

Monasterio de Santa María de Huerta. Fundado sobre el año 1150, este monasterio cisterciense se ha convertido en uno de los iconos de esta orden y de la arquitectura eclesiástica. Por la puerta de los monjes se accede al claustro gótico del siglo XIII, que era lugar donde los monjes realizaban su vida. Una de las más hermosas estancias del monasterio es la sala capitular.

Medinaceli-Plaza Mayor

El recorrido puede finalizar en Medinaceli. Durante la época romana, este fue un enclave muy importante para la extracción de la sal que se ha seguido explotando hasta el siglo XX. La villa de Medinaceli es famosa por sus hermosas calles empedradas, el arco romano construido durante los siglos I y III después de Cristo y su castillo, que fue residencia de los Condes de Medinaceli hasta su traslado al Palacio Ducal (en la plaza mayor), centro de numerosas exposiciones nacionales e internacionales. Esta población fue declarada bien de interés cultural en la categoría de conjunto histórico.

Especialidades de la cocina castellana: Soria también es famosa por su arte culinario. Con una rica y variada gastronomía, ofrece platos como el cocido con su bola, la morcilla, las verduras y las carnes. El viajero también puede degustar las sopas de ajo, el típico somarro de cerdo asado, así como los asados de cordero y las especialidades de caza. Los amantes del pescado tienen a su disposición la trucha asada y ahumada, algunos de los platos más característicos de esta zona. En cuanto a la repostería, merecen ser destacadas, por su fama internacional, las yemas de Almanzán, un exquisito dulce ideal para concluir el ágape. Entre los restaurantes destacados puede nombrarse el del Hotel Antonio (en Almazán), Casa Vallecas y la Posada de los Leones (ambos en Berlanga del Duero) o El Rincón de Medinaceli (en Medinaceli).

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Monasterio de Santa María de Huerta (5) Almazán-Iglesia de Sant Miguel