EN EL CORAZÓN de Stuttgart sobresale la silueta de la aúrea estatua de Hermes que, según la mitología griega, era el dios olímpico de las fronteras y los viajeros. Un imponente guardián que vigila quién osa entrar en la ciudad y con qué intenciones lo hace. No sea que, por alguna de esas, se le ocurra vilipendiar a la metrópoli, alterando su privilegiada existencia.

El centro de la capital de Baden-Wurtemberg se encuentra idílicamente acunado en un valle, rodeado de bosques y viñedos. En consecuencia, más de la mitad de los 200 kilómetros cuadrados de extensión que tiene Stuttgart está constituida por prados y jardines frutales, donde la uva tiene una especial preponderancia, que se alargan hasta el corazón de la ciudad e incluso hasta la estación central.

Los parques y jardines públicos de Stuttgart, que ocupan una extensión de 5,6 kilómetros cuadrados, dejan estupefacto al visitante. Destaca la llamada U verde, un espacio verde y zona de ocio de ocho kilómetros de longitud, compuesto por bellísimos parques. Entre estos se encuentra Killesberg, lugar preferido por los habitantes de Stuttgart para relajarse, y un auténtico paraíso para los amantes de las flores. Un trenecito que serpentea por el parque, un estupendo parque infantil y una piscina pública son algunos de los atractivos especiales de este encantador enclave. Por otro lado, los Jardines del Palacio, construidos por orden del rey Friedrich I de Wurtemberg, se extienden a través de casi cuatro kilómetros en el centro de la ciudad. Los viejos y enormes árboles, los amplios prados con césped, los lagos, los riachuelos y otros detalles lo convierten en un particular oasis.

La parte inferior de los Jardines del Palacio se extiende hasta el río Neckar, atravesando el parque Rosensteinpark, diseñado al estilo inglés según deseo expreso de la casa real de Wurtemberg. Otra gran atracción, cuya fama sobrepasa las fronteras de Stuttgart, es el Wilhelma, el jardín botánico y parque zoológico más grande de Europa.

VALOR TERAPÉUTICO

Una importante fuente de salud y bienestar para los habitantes y visitantes de Stuttgart son los manantiales de agua mineral del barrio de Bad Cannstatt, que permiten a la ciudad disfrutar de todas las ventajas de una estación termal. En Stuttgart hay 19 fuentes, de las cuales manan diariamente más de 22 millones de litros de agua mineral, una cantidad solo superada en Europa por Budapest. Ya en los siglos II y III, los romanos supieron valorar los poderes curativos de este agua mineral: numerosos emperadores disfrutaron de saludables baños en los inagotables manantiales de lo que hoy día es este barrio.

Durante mucho tiempo, Stuttgart vivió su esplendor como ciudad balneario internacional. Actualmente 12 manantiales de agua mineral están reconocidos oficialmente como fuentes curativas y se pueden disfrutar tres balnearios con piscinas de agua mineral a diferentes temperaturas, saunas, baños de vapor, solarios, gimnasios, así como una amplia oferta de tratamientos de hidroterapia o fisioterapia. Y si el presupuesto no da para más, siempre queda el consuelo de beber un buen trago de agua mineral en alguna de las fuentes públicas, sin coste alguno. Pero sin abusar, no vaya a ser que a Hermes se le crucen los cables y nos envíe de un empujón al inframundo griego del que contados dioses –dice la mitología– pueden escapar.

LA DOBLE HÉLICE

El nuevo museo Mercedes-Benz, con su espectacular arquitectura con forma de doble hélice, se integra en el paisaje de colinas que caracteriza a Stuttgart, y se ha convertido, con sus casi 50 metros de altura, en un símbolo de la ciudad.

Los 120 años de historia de la firma están representados en una superficie de exposición de más de 17.000 metros cuadrados, repartidos en nueve plantas. Especialmente atractiva es la planta llamada Carreras y récords, que muestra, a través de más de 40 ejemplares, la historia llena de tradición de los motores de los coches deportivos. Las obras maestras de la historia del automóvil se exponen juntas en una sala especial. Entre ellas se encuentran el Gran Mercedes Tipo 770 del emperador Hirohito, el del emperador Guillermo II, el último coche oficial de Konrad Adenauer o el rojo SL de la princesa Diana. Los visitantes también pueden echar un vistazo a los talleres de Mercedes-Benz, donde los ingenieros muestran lo último en investigación, diseño, desarrollo y producción.