Cuando no hay nada interesante que ver sobre la tierra, mejor sumergirse bajo el mar, donde el silencio y la ingravidez reinan entre miles de peces y centenares de corales. La mayoría de expertos coinciden en que uno de los lugares más completos para practicar submarinismo es el Mar Rojo, frontera natural entre África y la península arábiga. Otro punto clave, por supuesto, es el Caribe, donde se encuentran decenas de puntos de inmersión impresionantes. Y para quien en vez de una experiencia pausada y reveladora busca un subidón de adrenalina, Australia se convierte en un plató de lujo, gracias a los casi 2.300 kilómetros de largo de la barrera de coral más grande del mundo y a los tiburones grises que aparecen de la nada a una velocidad de vértigo. Entre los mejores enclaves se encuentra también la isla canaria del El Hierro, volcánica y escarpada, en cuyas aguas se deslizan mantas que pueden medir hasta seis metros. Y de menos fama, pero con muy buenas posibilidades, Formentera, que organiza a principio de octubre la Semana de la Fotografía Submarina.