Esta estrecha isla baja el ritmo en otoño, mientras su naturaleza ruge

A LA HORA de buscar sobre un mapa una isla paradisiaca de largas playas de arena las miradas suelen desviarse hacia el Caribe o el Pacífico Sur. Pero no siempre hay que hacer caso a los apriorismos, porque en cualquier momento un descubrimiento inesperado hace que todo cambie. En este caso, el elemento sorpresa se denomina Sylt, situada en pleno Mar del Norte frente a las costas de Alemania (a la que pertenece) y Dinamarca, con un perfil larguirucho que puede recordar al de Cuba. Eso sí, su naturaleza se aleja de cualquier exuberancia tropical para mostrarse mucho más minimalista y sobria, marcada por las costas erosionadas del oeste y las calmadas marismas del este, así como las dunas naturales –dos de ellas movedizas, de hasta 1 kilómetro de largo– que se suceden a lo largo de esta flaca del norte.

Una isla formada por 12 poblaciones que en verano se llena de veraneantes, transformando su tranquilidad en bullicio y dinamismo. No obstante, en otoño recupera su sencillez y alma solitaria, por lo que se convierte en un destino apasionante para aquel que busque un auténtico paréntesis de la vida diaria mediante una receta que nunca falle: la plena inmersión en un entorno que, a pesar de su aspecto rudo, se vuelve acogedor para aquel que es capaz de respetarlo (la mitad de la superficie está protegida) y comprender su esencia.

De hecho, mientras el pulso social de Sylt se desacelera, la naturaleza se convierte en todo un espectáculo: el mar ruge, las olas retumban, las gaviotas interpretan su particular sinfonía, la hierba que nace entre la arena de las dunas cruje, el viento suspira… Un escenario idóneo para dar un largo paseo por la playa y dejarse envolver por el poder regenerador de la isla. Y es que con cada respiración, los pulmones inhalan una mezcla de agua del mar pulverizada, sal, yodo y oligoelementos. Una combinación que no solo logra liberar las vías respiratorias, sino que se asienta en la piel como un bálsamo, mientras que el sol de la mañana se despliega con la fuerza que le queda libre de cualquier partícula contaminante.

Poder balsámico.

Este regalo natural se puede complementar con las diferentes instalaciones de wellness de la isla, que ofrecen tratamientos de talasoterapia, así como otros con hierbas, piedras de basalto calientes o chocolate. Destaca especialmente el Syltness Center de Westerland, que aprovecha el poder curativo del Mar del Norte y lo mezcla con las influencias orientales. Otra de sus instalaciones estrella, muy agradecida en los días de otoño, son sus cinco saunas situadas en plena playa, que logran calentar el cuerpo y el alma. Aunque luego llega lo duro, al menos para aquellos que acepten el reto: lanzarse a las frías aguas para reforzar las defensas, liberar el sistema motriz y sacudirse de cualquier preocupación. Ahora ya se está totalmente preparado y estimulado para recorrer las distintas poblaciones de Sylt, cada una de ellas con un encanto particular. Una personalidad propia que se encarna en el espíritu urbano de Westerland, la actitud mundana Kampen o la idílica Keitum, así como los oasis verdes situados en el este de la isla, tal y como se puede comprobar en Morsum, Archsum y Munkmarsch.

Por su parte, el doble municipio de Wenningstedt-Braderup se extiende desde la parte más rugosa del oeste debida al golpeo de las olas hasta los suaves paisajes del este. A pesar de que apenas tiene una extensión de 100 kilómetros cuadrados, también queda espacio para dos ciudades con puerto, como son List y Hörnum, así como Tinnum y Rantum, en el interior. Muchos argumentos, y ni siquiera ha sido necesario mencionar su gastronomía, para convencerse de que también existen perlas escondidas en el norte.