NADA COMO UN BUEN LIBRO

de historia para recuperar el pasado. Nada, excepto el propio presente, cuando el testimonio de lo que fue todavía es. Ocurre en Tailandia, la en- crucijada cultural, que conserva todavía mu- chos enclaves históricos como testimonio del desarrollo de la nación. Los primeros recuerdos que se deshilachan de este espléndido pasado son los templos budistas de Bangkok y los tesoros artísticos que encierran con recelo. Lo sorprendente es que pocos de ellos tengan más de 200 años de antigüedad, ya que Bangkok se fundó co- mo capital de Tailandia en 1782. Más allá, en otras regiones del país, el trazo de la historia dibuja retazos de vida que se remontan mu- cho más atrás, a los tiempos prehistóricos. En Ban Chiang (en la región noreste), por ejemplo, hace falta echar la vista 5.000 años atrás pa- ra ubicar y comprender sus hallazgos arqueo- lógicos y la cerámica de delicada decoración. Antes de la llegada al poder de los thais en el siglo XIII, gran parte de la región estaba do- minada por los khmer, cuyo vasto imperio se centraba en Angkor, en la actual Camboya. El legado cultural de esta etapa se puede ver en varios monumentos khmer bien conserva- dos, especialmente en el noreste, que son los mejores ejemplos de este tipo de arquitectu- ra fuera de las fronteras de Camboya. Adentrándonos en el periodo thai como tal, el desarrollo histórico del reino desde el siglo XIII se centra en algunos enclaves históricos. Como reflejo del máximo esplendor del pasa- do, están los restos arqueológicos de las dos capitales primitivas: Sukhothai, fundada en 1238, y Ayutthaya, que fue el centro de po- der más importante durante 400 años, hasta su destrucción en 1767. Ambos enclaves permiten admirar unas im- presionantes ruinas que testimonian los logros arquitectónicos alcanzados por los thais. Pe- ro Sukhothai y Ayutthaya son sólo los lugares más conocidos entre las muchas ciudades an- tiguas dispersas por todo el país, como Nak- hon Pathom, uno de los primeros y más im- portantes centros budistas, situado al oeste del actual Bangkok, así como las ciudades del sur, como Nakhon Si Thammarat. Las glorias del pasado siguen luchando por no desvane- cerse bajo el halo de la modernidad.

Los festivales son una parte esencial de la vi- da de la nación, especialmente en las áreas ru- rales, donde el año todavía está marcado por los ciclos de la agricultura y las épocas del año se regulan por festivales estacionales que sirven tanto como descanso como pa- ra realizar algunos ritos propiciatorios. En- tre las fiestas más famosas está Songkran, el tradicional año nuevo, que se celebra el 13 de abril y en el que se arroja agua sobre todo el mundo, como símbolo de purificación. Loi Krat- hong, por el contrario, es un acontecimiento más romántico en el que se rinde homenaje a la Ma- dre de las Aguas mediante baños y ofrendas a la luz de la luna. El espectacular Festival de Cohe- tes, que se celebra en mayo en el noreste, el Fes- tival del Arado o el desfile de elefantes de Surin son otros de los acontecimientos más llamativos. TRADICIONES, RITOS Y COSTUMBRES

 

UNA ESCAPADA NATURAL

¿Un calificativo apropiado? Posiblemente, acer- taríamos con variada. La esencia de Tailandia y su belleza natural no se limita a playas e is- las. Colinas, montañas, bosques, junglas, ríos y cataratas forman pintorescos paisajes, que ofrecen un refrescante contraste frente a la ciu- dad y a los complejos turísticos costeros. La región más popular entre los visitantes son las Colinas del Norte, una región de bosques de teca y montes cubiertos de junglas, que es- conde en las laderas de sus montañas pe- queños valles secretos. En medio de este im- presionante paisaje viven las tribus de las colinas, gentes seminómadas que siguen un estilo de vida independiente del resto del país. Sólo preocupados por sobrevivir. PARQUES NACIONALES Chiang Mai, la segunda ciudad de Tailandia, si- tuada en el corazón de esta zona, proporcio- na la base perfecta desde la cual explorar los alrededores, ya sea mediante excursiones a pie, safaris en todoterreno, recorridos en bici- cletas de montaña o incluso con fantásticos paseos en elefante. Boquiabiertos quedarán los amantes de la naturaleza al vi- sitar los numerosos parques nacionales de Tailandia, co- mo el de Khao Yai, al no- reste de Bangkok, que cu- bre 542.000 acres de bos- que, jungla y praderas, que se extienden sobre las ondulantes colinas de una tierra virginal, de sa- bor extraño y mágico.

TEXTO ALBERTO GONZÁLEZ

www.tourismthailand.org
www.turismotailandes.co
Tel. 902.99.85.77