A POCO MÁS DE dos horas de avión, el invierno desaparece en Tenerife como por arte de magia. Aterrizar en la isla en diciembre permite, en un pequeño salto, liberarse del frío y del abrigo y disfrutar del aire libre, junto al mar, y hacer un paréntesis en la rutina diaria en un lugar donde siempre es primavera. Tenerife se deja descubrir en las fechas navideñas con una sugerente mezcla de paisajes naturales y urbanos. Sorprende que esta isla, volcánica, amable y de paisajes espectaculares, ofrezca en sus 2.057 kilómetros cuadrados tantas y tan distintas maneras de vivir una escapada que sea, a la vez, la mejor despedida del año. Con una temperatura media en diciembre de 22º, hablar de una Navidad cálida tiene mucho sentido. Santa Cruz de Tenerife y La Laguna, unidas geográfica y urbanísticamente en el noreste isleño, invitan a unas fiestas originales, aunque siempre entrañables: ambas ciudades se adornan con cientos de miles de flores de pascua, blancas y rojas, y de luces y guirnaldas luminosas que recrean un animado ambiente navideño, que el visitante, como el propio tinerfeño, vive y celebra en calles y plazas llenas de gente. Además, la capital cuenta con muchas calles peatonales plagadas de tiendas en las que se pueden encontrar artículos y productos de todo el mundo a precios muy interesantes, todo ello sin renunciar a disfrutar de la ciudad, ya que el visitante se encontrará en torno a espectáculos culturales de gran magnitud. CONCIERTO DE NAVIDAD Tradicionalmente, el 25 de diciembre tiene lugar en Santa Cruz, muy cerca de la plaza de España y al aire libre, el espectacular concierto de Navidad ofrecido por la Orquesta Sinfónica de Tenerife. Un año más, los tinerfeños y quienes decidan sumarse a ellos se acercarán hasta las inmediaciones del puerto para celebrar, con la mejor música, una noche mágica. Dirigido por Víctor Pablo Pérez y con un repertorio muy festivo que va de Héctor Berlioz a John Adams, el recital de este año contará con la presencia escénica y vocal del bajo americano Williard White. Además, Santa Cruz de Tenerife alberga gran cantidad de tesoros artísticos: la ermita de san Telmo, del siglo XVI, la iglesia de la Concepción, admirable tanto por su aspecto como por las obras que contiene, o el Palacio Carta, cuyo patio es un bello ejemplo de la arquitectura doméstica canaria, además de una de las más importantes exposiciones permanentes de escultura en la calle del mundo que adorna calles y ramblas de la ciudad. Pero la isla tiene mucho más que ofrecer, y es que hay muchas otras formas de pasar aquí unos días de descanso cuando el año está a punto de terminar: un retiro voluntario al silencio del campo y el mundo rural; una buena dosis de actividad física y encuentro con la naturaleza practicando senderismo, bicicleta y paseos a caballo o un viaje de conocimiento para entrar en contacto con la tradición isleña y su gente, con la monumentalidad de sus pueblos llenos de historia, con las celebraciones más populares y amables. El sur de la isla propone al visitante disfrutar del sol y del mar sin límites. Invita a la navegación, el buceo y los deportes acuáticos, y también a descubrir enclaves naturales de singular belleza o a evadirse en el sencillo placer de un día de playa con la temperatura perfecta. ENCANTO DE NORTE A SUR De la misma forma que la isla goza de multitud de microclimas que integran globalmente un paraíso natural, el sur de la isla ofrece diferentes maneras de entender unas vacaciones. Costa Adeje ofrece la exclusividad de una zona caracterizada por la calma, y en el propio municipio de Adeje se puede admirar el Barranco del Infierno, una angostura de paredes verticales cubiertas por un manto verde, desde cuyo fondo casi no se ve el sol y donde han aparecido numerosas cuevas funerarias guanches. Además, en su iglesia parroquial se puede contemplar una interesante colección de gobelinos, unos tapices de vivos colores formados por infinidad de puntos de hilo. Playa de las Américas ofrece una animada vida nocturna, de la misma forma que Los Cristianos, que durante el día ofrece, en cambio, un oasis de tranquilidad, como la que transmite un paseo por su núcleo o por su costa. Otra visita obligada en el sur de la isla es Santiago del Teide, donde se encuentra el conocido y espectacular acantilado de los Gigantes y cuyo término municipal alberga numerosos vestigios de su pasado prehispánico. La suavidad del clima norteño es también muy conocida. El verde y exuberante norte de Tenerife brinda igualmente excelentes posibilidades para una escapada a medida. Una buena opción es el Valle de la Orotava, donde sus tres municipios (Puerto de la Cruz, La Orotava y Los Realejos) encajan como piezas de puzle para redondear una ruta soñada, con el Teide a las espaldas y el mar a los pies. Marcada por el encanto de una ciudad turística cosmopolita y muy animada, Puerto de la Cruz es el principal núcleo turístico del norte de la isla. Enumerar los atractivos del municipio conlleva mucha paciencia, gracias en gran parte al clima privilegiado de que disfruta de enero a diciembre. Instalaciones balnearias, barrios pesqueros, zonas comerciales, gastronomía para todos los gustos y su jardín botánico, creado en 1788 y en el que se pueden contemplar especies vegetales de los cinco continentes, además de las magníficas playas, hacen de Puerto de la Cruz un punto clave de la visita a la isla. INTERÉS HISTÓRICO La Orotava pone el sabor tradicional y la solera en este trío de ases. Su arquitectura define bien a las claras el pasado de la villa, con un empaque señorial que se ha conservado a la perfección con el paso de los años. Pocos pueblos en toda España poseen la capacidad de La Orotava para transportar al caminante a otro lugar y a otro tiempo. No en vano, todo el casco antiguo está declarado monumento de interés histórico artístico nacional. Tres bellas playas de arena negra poco concurridas completan el atractivo de un pueblo rodeado por plantaciones del cultivo más conocido de Canarias: el plátano. El mismo paisaje del que disfruta Los Realejos, a la sombra de las Cañadas del Teide. Los Realejos es una suma del atractivo turístico de Puerto de la Cruz y de las características morfológicas de La Orotava. Como ésta última, precisamente, es punto de partida de las rutas que ascienden hasta el mismo pico del Teide, el punto más alto de España con sus 3.718 metros. Parque Nacional desde 1954 y propuesto para convertirse en Patrimonio de la Humanidad, el Teide y sus Cañadas son, con sus casi 19.000 hectáreas, una de las más importantes muestras de vulcanismo a nivel mundial. Además del interés científico del parque, las formas caprichosas de la lava, el efecto de la erosión y la gran variedad de tonalidades cromáticas que caracterizan la zona ensalzan sobremanera el atractivo paisajístico del lugar, todo ello magnificado por el contraste con las nieves perpetuas que coronan su cima. Un paraje ideal, en definitiva, para dejarse sorprender e incluso para, literalmente, atravesar las nubes. LA ISLA BAJA El recorrido por la isla y sus posibilidades se completa en el extremo noroccidental de Tenerife, donde se encuentra la comarca de Isla Baja. Formada por cuatro municipios (Buenavista, Garachico, Los Silos y El Tanque) aguarda al visitante con los brazos abiertos y mucho que ofrecer. En ella es fácil disfrutar de pueblos encantadores, pequeños hoteles y casas rurales, y pueblos monumentales donde el visitante siempre es bien recibido. Garachico fue el principal puerto de Tenerife hasta 1706, cuando fue arrasado por una erupción volcánica. Lejos de perder su esplendor, el municipio se ha convertido en un museo viviente en el que tan sólo la visión de sus casas desde lo alto de la ladera transmite el sosiego y la nostalgia que imperan en la zona. El clima privilegiado y un entorno con paisajes únicos permiten, además, practicar deportes, como senderismo, parapente, cicloturismo, surf, buceo, pesca y golf. Tenerife permite al visitante vivir un diciembre en primavera, y además está muy cerca. Llegar es fácil: sólo falta elegir a qué rincón de la isla escapar para vivir la Navidad más cálida.