SANTA CRUZ Y LA LAGUNA,

unidas geográficamente, proponen una escapada singular. A tan solo tres horas de avión de cualquiera de los aeropuertos catalanes, estas dos ciudades, de mar- cado carácter isleño, se dejan descubrir entre árboles majestuosos, casonas monumentales y edificios singulares que despuntan como auténticas obras de arte contemporáneo. Santa Cruz y La Laguna reciben con aire primaveral a los visitantes. En sus calles y ramblas, adornadas por impresionantes laureles de indias, flamboyanes y jacarandas, el color y la animación lo inundan todo. Ambas ciudades están hechas para el paseo, para disfrutar de cada rincón, de sus jardines y parques. O para perderse en el paraíso multicolor de sus zonas comerciales.

 En Santa Cruz, las calles más cén- tricas son un verdadero entramado pea- tonal donde cada tienda es una tenta- ción: perfumes, ropa, electrónica. Los escaparates se suceden y las compras se convierten inevitablemente en un sen- cillo placer. En La Laguna, la apuesta también es segura: pequeñas y exqui- sitas boutiques sorprendentemente in- tegradas en un casco histórico que ostenta con orgullo el bien merecido títu- lo de patrimonio de la humanidad. Si la capital de la isla maravilla con espectaculares edificios, como el Auditorio de Tenerife, obra de Santiago Calatrava, junto a los más encantadores ele- mentos de la arquitectura tradicional canaria, La Laguna -en realidad, San Cristóbal de La Laguna– muestra todo su encanto en pequeñas calles antiguas, cuajadas de casas señoriales y auténticos palacios que llenan un casco anti- guo brillante por su belleza y su excelente estado de conservación.

EVASIÓN Y DESCANSO

 Ir de museos por ambas ciudades, disfrutar en sus tascas y restaurantes degustando platos tradicionales y creaciones sofisticadas, una obra de teatro, un concierto de la Orquesta Sinfónica de Tenerife, ballet, ópera… son algunas interesantes propuestas para la evasión y el descanso. Las posibilidades son infinitas y todas muy atractivas. Punto de partida privilegiado para conocer cada rincón de la isla, las dos ciudades, a veces, como una sola, se abren al mar y la montaña con numerosos enclaves llenos de encanto. Muy cerca de Santa Cruz se encuentra la playa de Las Teresitas, de fina arena blanca; junto a La Laguna, todo el sabor marinero de Bajamar y Punta del Hidalgo, con sus piscinas naturales y sus calas maravillosas.

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Tel. 902.003.121

Como lo son también las de Taganana y Benijos, de brillante arena negra, al otro lado del macizo de Anaga, un parque rural sorprendente en el que todavía es posible aden- trarse en un bosque selvático –la lauri- silva–, verde y exuberante, una auténtica reliquia viva del terciario. La escapada merece la pena.

Ambas ciudades permiten disfrutar de parques, jardines, tascas, espectáculos, museos y edificios monumentales