HOSPITALIDAD SIN LÍMITE

Tradiciones con sabor, música y colorido inundan los sentidos en cualquiera de las innumerables fiestas populares que se celebran en Tenerife. La isla, exótica a pesar de su cercanía, revela en sus celebraciones de mayor arraigo una mezcla de culturas y saberes que miran a un pasado marcado por el mestizaje, la apertura al mundo y una hospitalidad sin límite.

Ruidosas como la de los cacharros, en Puerto de la Cruz; misteriosas como la Quema del Judas, en Taganana; o románticas y coloristas como las de Mayo, en Santa Cruz, las fiestas de Tenerife descubren una nueva forma de entender la isla y sus gentes, y una manera diferente de disfrutar cada uno de sus increíbles paisajes y pueblos. Muy pronto, Tegueste, municipio-isla rodeado de otro –La Laguna–, volverá, un año más, a sacar a las calles sus barcos en tierra para celebrar la romería en honor de San Marcos, una de las más antiguas y singulares de España.

El domingo más próximo al día del santo, esto es, el 24 de abril de este año, el pueblo renueva sus tradiciones y saca a la calle auténticas obras de arte popular que ha ido confeccionando día tras día con sumo cuidado: las carretas, adornadas con motivos típicos elaborados con granos procedentes de sus propias cosechas son uno de los elementos más llamativos de estas fiestas. Pero son los barcos en procesión, sorprendentes en un municipio sin costa, los verdaderos protagonistas de estas celebraciones, que impresionan a un visitante contagiado por la alegría y la música que lo envuelve todo.

La tradición explica así la curiosa presencia de los barcos sin mar en la romería: Cuentan los mayores que en el siglo XVI, una epidemia de peste arrasó buena parte de la zona en que se ubica el municipio tinerfeño de Tegueste. Muchos vecinos de otros pueblos acudieron allí huyendo de la enfermedad, que, inexplicablemente, pasó de largo sin tocar a uno solo de los habitantes de esta pequeña localidad agrícola. En agradecimiento a San Marcos, a quien atribuyeron el milagro, los vecinos quisieron hacerle una ofrenda especialmente valiosa: barcos construidos por campesinos que nada tenían que ver con el mar y su entorno.

FIESTAS SINGULARES

Así, las naves de los barrios de Pedro Álvarez, Tegueste Casco y San Luis, engalanados de blanco, continúan rivalizando en espectacularidad y cortejo el día de la romería, cuando también acompañan al santo las hermosas carretas y se baila la original danza de las flores, a ritmo de tajaraste y con un pintoresco atuendo animado por multitud de cintas de vivos colores.

Otras fiestas singulares llaman la atención en la Isla del Teide, un lugar de ensueño donde siempre es primavera y las suaves temperaturas animan a disfrutar de las fiestas tradicionales mes tras mes, en cualquier época del año.

Basta recordar las populares fiestas de Mayo, en Santa Cruz, los primeros días de este mes, sus parques y ramblas cuajados de flores, su baile de magos y su paseo romero, que discurre en medio de una gran algarabía por el barranco que abre en dos esta ciudad, alegre y luminosa.

San Andrés protagoniza la apertura de las bodegas, en el mes de noviembre, y da pie también a fiestas singulares llenas de sabor. Si en Puerto de la Cruz, el día último del mes es el del ruido –la tradición manda arrastrar por las calles cacharros y objetos de latón con el fin de crear un gran estruendo, al tiempo que se asan castañas y sardinas–, en Icod de los Vinos dominan el valor y ciertas dosis de riesgo. Aquí lo suyo es correr las tablas: jóvenes y quienes no lo son tanto se deslizan a toda velocidad por las empinadas calles del pueblo sobre tablas cubiertas de brea, mientras corre el vino y todo el pueblo celebra una gran fiesta.

Nombrarlas todas sería imposible: las alfombras del Corpus Christi, en La Orotava; la Semana Santa lagunera; la Quema de Judas, en Taganana; la mágica noche de las hogueras de San Juan; las procesiones marineras en honor a la Virgen del Carmen… Cada fiesta es un regalo para los sentidos y una forma de evadirse conociendo la cara más auténtica de Tenerife. Todo un descubrimiento para disfrutar.

TEXTO NURIA ENGELMO