Uno alza la vista y se encuentra con las magníficas torres campanario, que definen las características peculiares del mudéjar turolense. La torre de la catedral destaca por sus ornamentos en forma de arcos de medio punto entrecruzados y los frisos de esquinillas decorados con tubos de cerámica vidriada. Es aquí donde se aprecia la influencia árabe, que se cruza con una estructura y una disposición claramente anclada en la tradición cristiana occidental. Lo mismo pasa con la torre de San Pedro, iluminada por sus piezas de cerámica vidriada, que combinan el verde y el morado, así como con las torres de San Martín y El Salvador. Otra de las obras cumbres de la ciudad es la techumbre de la catedral, cuyo interés se basa tanto en la estructura como en el amplio programa iconográfico de su decoración pictórica. Y si no cumbre, sí de las que más se asocian con la ciudad, es la historia de los amantes de Teruel, protagonistas de una narración popular con tintes shakesperianos, que acaba con la muerte de ambos sin que hayan podido disfrutar de su amor. Una leyenda de ambiente medieval, como tantas otras que cruzan la región, como es el caso de las andanzas del Cid o la búsqueda del Santo Grial, y que transportan al viajero por toda la provincia. TERUEL SE ENCUENTRA en la encrucijada entre las tierras recias de la meseta castellana y aquellas que son suavemente bañadas por las aguas del Mediterráneo. Por eso se beneficia de los aires de ambas, para ofrecer al visitante un medio natural plagado de contrastes. En el pasado también se convirtió en frontera de dos culturas, la árabe y la cristiana, y se dejó influenciar por ambas. La gran beneficiada fue la capital, que alberga un conjunto de obras diseñadas por la arquitectura mudéjar, que fueron declaradas patrimonio de la humanidad por parte de la Unesco en 1986. Caminando por Teruel ca- 28 destinos jueves 29 de junio del 2006 La provincia TERUEL En el norte uno se encuentra con las sierras turolenses y los tupidos bosques, que aportan la riqueza forestal característica de la zonas de montaña, mientras que, en las tierras del Bajo Aragón, el paisaje cambia de los roquedos a las arcillas blandas. La frondosa vegetación da paso a los terrenos agrícolas, copados en su mayor parte por campos de olivos, almendros, vides y árboles frutales. Castillos y fortificaciones salpican la provincia, mientras que la arquitectura gótica levantina encuentra en el sur expresiones monumentales, al igual que palacios aragoneses y casas consistoriales de estilo renacentista. Además, una numerosa arquitectura religiosa barroca se extiende por pueblos y ciudades con una amplio repertorio de templos y ermitas. Por su parte, el movimiento modernista incluye, en la capital, edificaciones fantasiosas y ágiles que provocan el goce visual del observador.