Al hablar de las antiguas culturas latinoamericanas, nos viene a la cabeza la civilización maya. Pero existen otras anteriores, extremadamente desarrolladas y complejas

El viaje comienza en Trujillo, ciudad de la eterna primavera, fundada en 1534. Este es el origen de uno de los pueblos más sanguinarios y, a la vez, más desarrollados del mundo antiguo: la cultura moche o mochica. Existió entre los años 100 a.C. y 700 d.C., y estaba ubicada en el valle Moche. Sus antiguos templos son denominados huacas y tienen su origen en el culto a los antepasados momificados, así como en el pago a la tierra o Pachamama. Estaban construidos en pequeños bloques de adobe y servían para realizar las ceremonias y sacrificios humanos. Se encontraban en la zona más importante de la ciudad, junto a otros edificios públicos, y se pintaban con colores llamativos para impresionar a los caminantes que llegaban a la ciudad.

La economía del pueblo moche se basaba en la pesca, los caballitos de Totora (un tipo de embarcación) y la agricultura, aunque también eran grandes maestros en el tratamiento del metal y el oro. Pero lo más representativo de su legado es la cerámica: se han encontrado numerosas piezas bien conservadas, que servían como ofrendas a los muertos. Las representaciones de los hombres, los dioses, los animales y las plantas en esta cerámica han ayudado a los arqueólogos a entender la cultura moche.

Una de las inevitables visitas en el área de Trujillo es Chan Chan, una ciudad de adobe obra de los chimú. La ciudadela fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Tumbas reales. De Trujillo, a Chiclayo, donde se desarrolló la civilización sicán o lambayeque durante los siglos VIII y XIV d.C. Fue un pueblo de grandes artesanos, arquitectos y pescadores, como queda patente en el centro arqueológico El Brujo y el museo del Cao. Otra visita estrella es la de las Tumbas Reales de Sipán, descubiertas por el arqueólogo peruano Walter Alva. Allí se encontró la tumba del Señor de Sipán, un antiguo gobernante del siglo III d.C. que destaca por su vestimenta, sus joyas y ornamentos y los restos de sus familiares y séquito, que fueron sacrificados al fallecer el señor.

Antes de trasladarse a Lima, y para acabar el itinerario por las huacas del norte de Perú, el viajero puede visitar las pirámides de Túcume y la Huaca de las Blasas. Este complejo arqueológico se caracteriza por tener la mayor concentración de pirámides de todo Perú. Está rodeado de cultivos tradicionales y corresponde al último desarrollo de la cultura lambayeque, cuyos inicios se remontan a los años 700 d.C., y que sobrevivió a las conquistas de los chimú (1375), los incas (1470) y los españoles (1532).

La capital. El viaje acaba en Lima, un punto y final ideal, donde poder descansar y disfrutar del ocio y la gastronomía. La capital y su área metropolitana cuentan con una población de más de ocho millones de habitantes y son el motor de la economía peruana, cuyo crecimiento ha sido espectacular durante los últimos años.

Lima fue la capital del virreinato de Perú en 1535, siendo designada como la ciudad de los reyes. Su nombre deriva del río que pasa por el valle, y fue fundada por Pizarro, quien más tarde se convertiría en su gobernador.

En el centro histórico de Lima se encuentra la plaza de Armas, que el conquistador trazó personalmente junto a sus colaboradores, construyendo el palacio virreinal (actualmente, el palacio del Gobernante de Perú o Casa Pizarro) y la catedral, con sus catacumbas subterráneas. Destacan también la basílica y el convento de San Francisco y Santo Domingo o el palacio de Tagle, entre otros.

Cabe destacar la gastronomía limeña, que fusiona de forma increíble diferentes culturas de todo el mundo. Uno de los mejores rincones de la ciudad donde parar a comer es el barrio de Miraflores, con numerosos restaurantes de alta gama a precios muy correctos: Panchita, Bravo, Sumaq, etcétera. Además, Lima tiene numerosos centros de ocio, comercios y un paseo precioso con vistas al océano pacífico. Para los más noctámbulos hay un gran número de locales musicales para poder disfrutar de los ritmos latinos durante toda la noche. Perú enamora y atrae.

Texto y fotos Álvaro Laforet