SIEMPRE SE puede encontrar una buena excusa para viajar. Incluso el fútbol puede ser una de ellas. El sorteo de la Eurocopa, que se celebra del 7 al 29 de junio en Austria y Suiza, ha determinado que la selección española juegue los primeros partidos en la capital del Tirol, Innsbruck, una ciudad ubicada en el corazón de los Alpes, entre picos de 3.000 metros de altura y glaciares, más acostumbrada a celebrar los récords que se baten en el famoso torneo de los Cuatro Trampolines de saltos de esquí que a cantar goles. No obstante, la localidad se transforma y llena sus calles de pantallas gigantes para seguir el torneo. Eso sí, sería imperdonable quedarse todo el día frente al televisor, porque hay muchas cosas que ver, más allá de cualquier partido. El estadio donde comenzará su andadura el equipo de Luis Aragonés ya es algo que vale la pena. El Arena de Bergisel fue sede de las competiciones de saltos de los Juegos Olímpicos de Invierno que se celebraron en Innsbruck en 1964 y en 1976. Desde entonces, la rampa ha sido transformada por completo hasta el punto que el moderno diseño de Zaha Hadid recuerda una cobra que se eleva hacia el cielo. Los seguidores también tendrán ocasión de admirar –y utilizar– la obra más reciente de la arquitecta iraquí afincada en Londres, es decir, el funicular que sube en apenas 20 minutos del centro de la ciudad a 2.000 metros de altura para ofrecer desde los picos alpinos una espectacular panorámica de todo el Tirol de 360 grados.

CENTRO HISTÓRICO

De vuelta al asfalto, es recomendable pasear por el centro histórico y la Maria-Theresien- Strasse, que invita a visitar sus tiendas y a descansar en los cafés al aire libre, mientras se disfruta de una buena taza de café acompañada con una tarta. Numerosos puestos de venta ofrecerán platos regionales típicos de la zona y bebidas. La oferta comprende un amplio abanico de posibilidades: desde la zona comercial en las Rathausgalerien, unas elegantes galerías comerciales, hasta la resplandeciente seducción de las joyas expuestas en la tienda Swarovski, pasando por las numerosas boutiques y las pequeñas tiendas de especialidades. Callejear por el casco antiguo sirve para encontrarse con uno de los símbolos de la ciudad, el tejadito de oro Goldenes Dachl, un ostentoso mirador construido por orden del emperador Maximiliano. O con el Palacio de la Corte Imperial, uno de los edificios culturales más importantes de toda Austria, con sus grandes salones de una suntuosidad impresionante. A pocos kilómetros de distancia se encuentra la Torre de la Moneda Hall, donde incluso cada uno puede acuñar su propia moneda, y algo más lejos, el Castillo Tratzberg, con más de 500 años de historia y construido bajo los influjos del gótico tardío. La selección jugará la primera fase en Innsbruck, pero se alojará en el Valle Stubai. Una buena elección –sobre todo para los aficionados que se acerquen a seguir la concentración del equipo–, ya que ofrece una belleza agreste, bosques de verde saturado, 80 glaciares, 103 picos de tres mil metros, altos pastos soleados y prados en flor, lagos de montaña cristalinos y estruendosas cascadas. Una de las visitas más populares es la del funicular Stubaier Gletscherbahn, que sube rápidamente al hielo eterno, en el punto más alto de Tirol. Para una dosis de aventura, el parque recreativo alpino de Schlick 2000 pone a disposición del visitante una zona gigantesca para practicar diferentes actividades. Los conquistadores de cumbres prueban su habilidad en exigentes vías, los que disfrutan del senderismo exploran el camino panorámico, mientras que los niños pasan horas y horas en el tobogán de cuerdas, el puente colgante y el parque de escalada infantil. Con la adrenalina a tope y el estrés convertido en un recuerdo, llega el momento de volver, que el partido está a punto de comenzar. Pero después de todo esto, ¿el fútbol es realmente tan importante?