La ciudad de miel, humo y hierbabuena

CADA VIAJE deja en el viajero un perfume. Túnez huele a menta y miel. Frente al turista los tunecinos sonríen siempre mientras regatean, mientras saborean con deleite sus exquisitos tés de menta y mientras fuman sus inacabables shishas (pipas de agua) a las puertas de desvencijadas teterías.

Pero Túnez es más. Mucho más. Deslumbra con un variado mosaico de culturas que ha moldeado el carácter de sus gentes y se presenta a sí misma como la mítica ciudad donde todo es posible y, sin lugar a dudas, el escenario ideal para pasar unas vacaciones inolvidables.

Se encuentra al norte de África y al sur de Italia y Malta. Al este tiene las fronteras de Libia, y al oeste mira a Argelia. Túnez es uno de los principales destinos turísticos por su oferta de sol, arena y playa. Un lugar de idílicos paisajes, lugares y culturas milenarias para deleite del viajero.

Túnez está hecha a medida de los aventureros, de los románticos, de los que saben reírse de sí mismos y para quienes buscan algo diferente. Túnez es tierra de sueños y leyendas, en la paradisiaca costa o muy al interior, el gran desierto de los bereberes.

En Túnez capital destacan especialmente los edificios coloniales, aunque su principal atractivo es la vieja Medina (casco antiguo), declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Es una de las más bellas del mundo islámico, se extiende por un área aproximada de un kilómetro cuadrado, un laberinto de callejuelas y callejones que ofrece al visitante escenas de lo más insospechado.

Maraña urbana.

Es recomendable perderse en este laberinto de tiendas, pequeños puestos y mezquitas. Hay que regatear y, si es posible, no perder la oportunidad de pasar a la trastienda donde, mientras le preparan un té con hierbabuena ofrecerán al visitante toda la mercancía: babuchas de piel y cuero, cachimbas, joyas de mítica procedencia, un hervidero de telas decoradas a lo mil y una noches, especias, jazmín, azahar y perfume de naranjas. La Medina es una experiencia impagable, un revulsivo para todos los sentidos y un momento inolvidable.

Pasear por la vieja Medina de Túnez es un privilegio. Al pasar la entrada principal, hay varios cafés ubicados en magníficos edificios afrancesados, luego las calles se van haciendo más recoletas hasta llegar a la Gran Mezquita y, más adelante, a la Kasbah de Túnez, un edificio con arcos decorados en blanco y negro. Rincones muy especiales dentro de la Medina son sus teterías, establecidas en locales desvencijados, cubiertos de azulejos y de historia.

En la zona nueva de la ciudad llamada la Ville Nouvelle se levantan los hoteles, restaurantes y cafés más lujosos. Cerca se encuentran lugares de interés como Hammamet (a unos 60 kilómetros con playas y campos de golf), Sousse (el paraíso de las mezquitas), Kairouan, Tozeur (con un lago salado), la isla de Djerba (con sus inigualables zocos), Matmata (casas bereberes), Douz (la puerta del Sáhara), Ksar Ghilane y la colina de Dougga (vestigios romanos bien conservados).

Ruinas de Cartago.

Cerca de la ciudad de Túnez, la capital del país, se halla el impresionante yacimiento arqueológico de Cartago, también declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. El espacio en el que se encuentran las ruinas es muy grande, y de entre los restos arqueológicos imprescindibles está el templo de Tophet, los puertos púnicos, las casas romanas que se hallan en Quartier Magon, las termas de Antonino, el teatro de Adriano (donde se celebran conciertos al aire libre), las villas romanas, el anfiteatro de los Mártires o el circo romano. No hay que perderse las termas de Antonino, las más grandes y sorprendentes de África.

Las ruinas de Cartago constituyen una de las paradas imprescindibles en Túnez. No se encuentran muy lejos de la capital, y hay muchos tours y paquetes turísticos que llevan hasta allí.

Más información:

www.turismodetunez.com

Texto: Pilar Enériz