PARA CUALQUIER VIAJERO que se precie Turquía es un destino imprescindible. Y lo mismo da si se quiere viajar por tierra o por mar. Porque Turquía cuenta con 8.333 kilómetros de costa y está rodeada por cuatro mares: Mediterráneo, Egeo, Negro y Mármara. Y porque todo en Turquía está impregnado de una historia y una cultura que se remontan al diluvio universal. Allí están el Eúfrates, el Tigris y Mesopotamia, cuna de nuestra cultura; allí se levantan los montes Ararat, donde embarrancó el Arca de Noé, y el Olimpo, donde vivían los antiguos dioses griegos; allí está el recuerdo de Carlomagno y las huellas de babilonios, griegos y romanos; allí se levantan las ciudades donde predicó Pablo y la que fue capital del imperio bizantino. Pero Turquía es muchas cosas más. Muchas de sus ciudades son dignas de ser visitadas, como Estambul, Izmir o Pamukale. Entre ellas es imprescindible hacer una referencia a Estambul, la antigua Constantinopla, capital de los imperios romano, bizantino y otomano. Puente de unión entre Europa y Asia a través del estrecho del Bósforo, la ciudad ofrece atractivos tan destacados y famosos como el palacio Topkapi, la iglesia de Santa Sofía, la mezquita Azul, el Bazar Cubierto o el Bazar Egipcio. Una visita a Estambul, dicen, no es perfecta sin realizar un crucero por el Bósforo. Muchos de los paisajes de Turquía son de una belleza difícil de igualar, pero ninguno como la antigua Capadocia, una región de fantásticas formas cuya visita resulta casi imprescindible. A las formaciones rocosas surgidas a partir de la actividad volcánica registrada hace millones de años -las llamadas chimeneas de las hadas- se han ido uniendo las huellas dejadas por diversas civilizaciones y por las viviendas y edificaciones que sus habitantes construyeron y excavaron a partir de las miles de cavernas y grutas existentes. Todo ello ha dado vida a un paisaje sin igual. A VISTA DE GOLETA Uno de los atractivos de Turquía es la posibilidad de conocerla navegando a lo largo de sus costas e internándose hacia el interior a partir de centenares de puertos. Por ello, las tradicionales goletas o gulet, dedicadas antaño a la pesca y el transporte de mercancías se han transformado, han ensanchado su cubierta y se dedican ahora al turismo. Hoy es fácil alquilar una goleta para más o menos pasajeros -por lo general entre 8 y 12-, para más o menos días, con o sin tripulación, con o sin patrón. Luego, se trata de explorar los lugares más recónditos de la costa, navegar por aguas limpias y transparentes y hacer escala allí donde se desee. Aunque la libertad para marcar la ruta es absoluta, la experiencia señala una serie de recorridos perfectamente aconsejables y que pueden unirse entre sí según los días de navegación previstos. De Izmir a Kasadasi. Zarpando del puerto de Levent la navegación transcurre por el golfo de Izmir, las penínsulas de Karaburun y Cesme, hasta el puerto de Cesme, un lugar ideal para una escala. Al sureste del mismo surgen la bahía de Ilica, el pintoresco puerto de Sigacik y el golfo de Kusadasi, con espléndidas playas, bahías y cuevas. De Kusadasi a Bodrum. A partir de Scala Nova o el puerto deportivo de Setur, se llega muy pronto a Efeso, con su maravilloso Templo de Afrodita, y luego a las aguas del Parque Nacional de la Península de Dilek. Entre Kusadasi y Pamukale se encuentran lugares como Priene, Mileto, Didim, Afrodisias e Hierápolis. Luego, el recorrido se extiende al golfo de Gulluk y la península de Bodrum. De Bodrum a Marmaris. Bodrum, la Halicarnaso del Mausoleo, cuenta con un atractivo puerto, desde donde es deseable recorrer el golfo Gokova, anclar en Akbuk, pasar por la isla de Sedir y serpentear por la sinuosa Bahía de las Sesenta y Seis Calas. El golfo de Hisaronu, la península de Datca -donde está la antigua ciudad de Knidos constituida en honor de Afrodita- y la de Bozburun dan paso a puertos como el de Marmaris. Estos tres recorridos resultan tan interesantes como lo pueden ser los itinerarios de Marmaris a Fethiye, de Fetihye a Kas o de Kas a Antalya.