La capital japonesa es una de las ciudades más modernas del mundo.

La capital de Japón, con sus 12.290.000 habitantes, constituye uno de los polos urbanos más populares del mundo. A nivel administrativo, Tokio se subdivide en 23 distritos, los cuales comprenden 26 ciudades, 5 ciudadelas y 8 aldeas. También pertenecen a la ciudad japonesa la cadena de islas Izu y el grupo de islotes Ogasawara.

LA CULTURA ORIENTAL

Siempre ha despertado un gran interés entre los occidentales y viceversa. Ambos estilos de vida se miran de reojo, estudian sus diferencias y se interesan por sus costumbres. Ya se sabe: los polos opuestos se atraen. En cualquier país de la vieja Europa se advierte la presencia de turistas orientales, cámara digital en ristre, escrutando hasta el último rincón de la ciudad. A la inversa, ocurre lo mismo. En los últimos años, el número de europeos que viajan a tierras asiáticas ha aumentado considerablemente. Y uno de los destinos predilectos es Japón.

Este acercamiento entre Oriente y Occidente ha enriquecido las relaciones entre ambas culturas. La sociedad de la información y la comunicación ha suprimido muchas barreras y ha favorecido el intercambio cultural. Al igual que ocurre con los ciudadanos orientales afincados en Europa, allí se han instalado occidentales ilustres de la talla de la catalana Carme Ruscalleda, chef de renombre internacional que ha abierto recientemente en Tokio una réplica exacta del restaurante Sant Pau de Sant Pol de Mar.

SEÑAS DE IDENTIDAD

Tokio concentra la esencia de la cultura oriental. Museos, monumentos y edificios singulares convierten a la capital japonesa en una de las metrópolis más modernas y avanzadas del mundo. La cortesía japonesa es una de las señas de identidad más destacadas del pueblo nipón.

Su fama no es gratuita. Los japoneses –los tokiotas no son una excepción– son extremadamente respetuosos y se saludan con vistosos y reiterativos gestos y ademanes protocolarios. Sin duda, el japonés es uno de los idiomas más difíciles del mundo. El turista se ve inmerso en un entramado de impronunciables ideogramas que se complican con la presencia de prefijos y sufijos nipones de imposible significado. Pero eso no supone un impedimento para entablar conversación: la mayoría de japoneses demuestran tener un nivel de conocimiento bastante elevado del inglés.

Japón presume de tener una de las mejores redes de transporte. Y no se equivocan. Más de 30.000 kilómetros de vías férreas conectan Tokio con los puntos más alejados del país. Desplazarse por los 2.000 kilómetros cuadrados de la capital es fácil. El viajero puede elegir entre diferentes modos de transporte: tren, metro, autobús, tranvía o taxi.

Tokio es una de las mayores ciudades del mundo y también una de las más dinámicas. Conserva intacto el legado de la rica tradición nipona y, al mismo tiempo, destaca por su deslumbrante modernidad. Una atenta visita por los distritos y los pueblos que conforman la capital permite descubrir una ciudad compleja y diversa, de fuerte carácter y rebosante de energía. Una de las zonas más turísticas y que mejor definen la personalidad tokiota es el área delimitada por la línea circular que recorre el tren urbano JR, la popular Yamanote Line. Los desplazamientos por este circuito para visitar los puntos de mayor interés se pueden realizar a pie, en metro o en taxi.

FIESTA Y DIVERSIÓNContrariamente a lo que muchos occidentales piensan, los japoneses adoran las fiestas. Las estadísticas demuestran que cada día se celebra una fiesta en algún rincón de Japón. Cualquier excusa es válida para organizar un festejo por todo lo alto. El calendario depara un sinfín de fiestas populares que tiñen de color y alegría las calles de Tokio.

 

La vida nocturna es otro de los alicientes de la capital japonesa. A partir de las seis de la tarde, los noctámbulos cambian las oficinas por las discotecas de moda. Los más jóvenes se dirigen hacia Roppongi, donde los centros nocturnos permanecen abiertos hasta primeras horas de la mañana. En los distritos de Ginza, Asakusa y Akasaka las posibilidades se multiplican. La diversión abarca desde los locales de música ambientados con luces psicodélicas hasta las salas que ofrecen canciones y bailes tradicionales al son del samisen –una especie de laúd– que tocan las geishas ataviadas en sus maravillosos quimonos. Los más atrevidos optan por Shijuku, en la zona de Kabukicho, o Shibuya y su barrio de Dogenzaka, en el que abundan salas de masajes, bares informales y puestos de comida.

La gastronomía japonesa es excelente. La oferta culinaria es amplia: sushi; sahimi; kaisekiryori (degustación de bocados ligeros antes de la tradicional ceremonia del té); kapporyori (elaboración típica de los alimentos según la vieja tradición); sukiyaki (estofado de carne de buey, verduras y tofu a la brasa); sabusabu (fondue de carne de buey cocido con verduras), y muchas especialidades más; sin olvidar el sake, la bebida tradicional japonesa, para acompañar platos tan suculentos.

TEXTO ALBERTO LARRIBA