Cinco casas unidas entre sí conforman un espacio donde la esencia de la arquitectura marroquí se da la mano con la originalidad, la modernidad y la sostenibilidad

En Marraquech, como buena localidad turística, existen numerosos hoteles, algunos de corte internacional y otros con una decoración de estilo local. De todas formas, la mejor manera de captar la verdadera esencia de la ciudad roja pasa por apartarse de las opciones más habituales y alojarse en un riad, casas tradicionales ubicadas en la Medina y que han sido reformadas cuidadosamente para recibir huéspedes. Suelen ser de alto nivel, con una extrema atención a los detalles y toda una serie de servicios personalizados que rompen con la impersonalidad de un hotel.

Una de sus características básicas es que, vistas desde fuera, parecen unas construcciones de lo más normal, que no sobresalen entre el conjunto y que apenas tienen aperturas al exterior. Pero al abrir la pesada puerta de madera se abre un mundo particular y atemporal, donde la luz natural se cuela por los patios para bañar las estancias de un ambiente que embruja al primer impacto, con una serenidad inimaginable entre el bullicio de la Medina. Un buen ejemplo de ello es el Riad Dar Justo, propiedad del artista español Justo Almendros y ubicado en el barrio del Mouassine, a pocos pasos de la popular y entrañable plaza de Jemaa el Fna.

Esencia popular. Se trata de cinco casas tradicionales del siglo XIV unidas entre sí y cuidadosamente restauradas para conservar la esencia de la arquitectura marroquí y, al mismo tiempo, sumarle un plus de originalidad y modernidad. También de sostenibilidad, ya que se alimenta de energía solar y cuenta con tres depuradoras de agua para reutilizar este bien tan preciado a puertas del desierto.

El edificio tiene dos plantas donde se distribuyen 23 habitaciones, cinco patios y una terraza ajardinada de 700 metros cuadrados con diferentes ambientes y vistas directas sobre la Koutoubia, el minarete más emblemático de la ciudad, y las montañas del Atlas.

Múltiples sombras. Para los días de más calor, una pequeña piscina proporciona el refresco necesario, que también se obtiene en las múltiples sombras que ofrecen los patios y los salones comunes abiertos al exterior a través de los patios. La decoración a base de piezas tradicionales transmite el arte de vivir cultivado en Marraquech, que se acentúa con el té a la menta y los dulces marroquís que se pueden degustar en cualquier momento. Una buena forma de descubrir Marraquech desde dentro, dejándose llevar por el latir de una ciudad que usa su cultura tradicional para abrir su mente sin miedo.

El restaurante Concalma también sirve platos que se asientan sobre la gastronomía local combinados con ejemplos de cocina mediterránea. A cualquier hora del día, sobre todo antes de zambullirse en el bullicio de los zocos, se pueden reponer fuerzas con diversas propuestas ligeras, como ensaladas, tajines, tapas o bocadillos.