EL PÁLPITO DE ESTAS FECHAS re- suena en el centro de la ciudad. En Na- vidad, tanto en la plaza mayor del casco antiguo como frente al Palacio de Ciencia y Cultura, regalo de Stalin, el paseo por Varsovia se vuelve nostálgico y se em- badurna de una mezcla dulzona de tradi- ción y festejo. De las esquinas, se esca- pan las melodías populares que los niños repiten en los festivales escolares, y la mú- sica se apodera también de la ciudad en Nochevieja, cuando un gran concierto gra- tuito cubre a los asistentes de un aura de positivismo para el año entrante. La alfombra blanca pinta cualquier su- perficie. Le saca partido una gran pista de patinaje sobre hielo y, en el barrio de Wo- la, una de esquí al aire libre. Pisando so- bre la nieve, se recorre el casco antiguo de la ciudad, pasando por el Castillo Real y el principal punto de encuentro de los varsovianos, la Columna al Rey Segis- mundo, rodeada de encantadores restau- rantes, cafeterías y pubs. El sol, que se asoma a menudo pese a las bajas tem- peraturas, invita a disfrutar de la naturale- za, en parques como el de Lazienki.

LA MESA PERFECTA

Prohibido probar bocado hasta que apa- rezca la primera estrella en el firmamento. Es una de las tradiciones que afecta a la Nochebuena en Varsovia. En la mesa no se sirve carne, aunque ello no signifique pasar hambre. Según las costumbres del pueblo, la celebración no es tal si no se presentan doce elaborados platos, que se ofrecen generosamente a los invitados, in- cluyendo habitualmente a alguna perso- na sin hogar, como acto de caridad. Es época de sopas, como el zurek (he- cha con harina ácida y trocitos de salchi- cha), la de setas o la de remolacha roja. También de algunos platos típicos como el pierogi, una especie de empanadillas rellenas de carne o de queso blanco pi- cante mezclado con patatas o de repollo y setas. En la repostería, de influencia cen- troeuropea y oriental, destaca la tarta de manzana, los famosos paczki (bollos re- llenos de confitura de pétalos de rosa) o el pastel de semilla de amapola.

LA CARA DEL ARTE

La pintura polaca se expone en el Museo Nacional y el arte moderno en el Zache- ta. Por otro lado, el Museo del Cartel es un referente en este estilo y el Museo de la Caricatura arranca más de una sonrisa. Como curiosidad, también destaca el Fo- toplastikon, antiguo cine para ver diapo- sitivas a través de unas lunetas. Es el úni- co de este estilo que sigue en pie, tradu- ciendo historias a través de un haz de luz, como el inmenso árbol que derrama cla- ridad en el centro de la ciu