EL REFRANERO POPULAR italiano afirma que veronesi tutti matti. Por qué se dice de los habitantes de Verona que están todos locos es una incógnita, pero basta con dar un paseo por sus calles para darse cuenta de que, tal vez, lo que hace enloquecer a veroneses y visitantes es la belleza de esta ciudad, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 2000. Aunque Verona ha sido habitada, dominada y conquistada por una larga lista de pueblos que han dejado huella en sus calles, la ciudad aún conserva muchos elementos de su primer periodo, como colonia romana. De entre ellos, destacan tramos de muralla, construidos en el siglo I d.C., y las dos puertas que daban entrada a la ciudad a través de las principales vías que caracterizan toda ciudad romana: Porta Borsari, que llevaba al decumanus, y Porta Leoni, que abría paso al cardus. Aunque originalmente el foro de las ciudades romanas se situaba en un extremo del cardus o del decumanus, fuera de las murallas que rodeaban la ciudad –de donde viene la denominación de foro, es decir, fuera del núcleo urbano–, con el tiempo se ubicó en la intersección de ambas calles. Esta plaza surgida del cruce del cardus y el decumanus se convirtió, a partir de la edad media, en la zona del mercado. Y en el caso de Verona, el antiguo foro romano, situado en la actual plaza Erbe acoge, aún hoy, un activo mercado diario con tenderetes de recuerdos. Con la llegada de los pueblos bárbaros, y llevados por las prisas y el miedo, los romanos construyeron muros con piedras recicladas y, de vez en cuando, un capitel se descubre entre las demás rocas comunes. El trazado recorrido por los muros tampoco fue el habitual perímetro regular, casi perfecto, sino que, en el caso de Verona, muros sin planificación, aquí y allá, se alzan en distintas zonas de la ciudad, sorprendiendo al visitante que los va descubriendo al pasear por la ciudad.

ÓPERA AL AIRE LIBRE

Fuera del recorrido de todas estas murallas, los antiguos romanos construyeron la Arena que, sin embargo hoy, se halla en pleno centro histórico de la ciudad, cerca de la plaza Bra. Este anfiteatro ha sufrido muchos cambios desde sus inicios. Seguramente el más importante fue debido al terremoto de 1117, que hizo desplomarse parte de las tres cintas concéntricas que conformaban la Arena. De ellas hoy solo queda en pie un pedazo de muro arcado, que los veroneses llaman el Ala. Y aún habiendo perdido una parte, la Arena es hoy el tercer anfiteatro romano más grande del mundo, solo por detrás del Coliseo de Roma y el anfiteatro de Capua, cerca de Nápoles. A pesar de los cambios sufridos, la Arena ha servido –siempre y sobre todo– como escenario para espectáculos de todo tipo. En época romana eran las luchas de leones y gladiadores; en la edad media, los torneos; y hoy, es el teatro lírico al aire libre más grande del mundo. Con sus casi 2.000 años de historia, sigue siendo un óptimo escenario y, anualmente, acoge un ciclo estival de ópera, que empieza en el mes de junio y se alarga hasta agosto. El Festival Lírico de Verona fue inaugurado en 1913 con la ópera Aida, de Giuseppe Verdi, para celebrar el centenario del nacimiento del compositor italiano y, desde entonces, esta pieza se ha convertido en un emblema para el certamen: además de ser la más interpretada, desde 1992 se recita cada año sin falta.