klassik-open-airAlberto González / DESTINOS

Si existe una afición global, esa es la música. Y es que –sea de un género u otro– todo el mundo ha experimentado alguna vez esa emoción que eriza el bello al escuchar determinada melodía. Un poder que, a lo largo de la historia, ha generado mitos musicales, fortunas y grandes éxitos de convocatoria.

Es así, la música arrastra a las masas. Las de aquí y las de allá. Porque cada vez son más las personas que viajan con la excusa de acudir a un concierto o un festival y, de paso, hacer algo de turismo. En ese sentido, los que estuvieran planificando una próxima escapada a Alemania, deberían detener su mirada sobre Núremberg, donde está prevista la celebración de algunas interesantes citas musicales.

Una de las más esperadas es el Klassik Open Air, el festival de música clásica que, desde el año 2000, se celebra en el parque de Luitpoldhain (este año tendrá lugar el 24 de julio y el 6 de agosto). El éxito del evento radica en su simplicidad: se trata, sencillamente, de reunirse con los seres queridos en este escenario idílico, mientras se disfruta de un pícnic y se escuchan piezas de música clásica (el acceso es gratuito).

Alrededor de 100.000 personas se dejaron caer el año pasado por el Klassik Open Air. Los hay que son aficionados a la música clásica, pero quizás sean minoría. Solo hace falta un poco de sensibilidad para saber apreciar lo mágico de la propuesta (de hecho, un tercio del público son jóvenes de entre 19 y 25 años).

INTERNACIONAL. Del 29 al 31 de julio llegará la 41a edición de otro gran acontecimiento: el Bardentreffen (o festival de los bardos). Durante esos días, el barrio de Altstadt queda completamente inundado por las actuaciones musicales callejeras, todas ellas gratuitas, de artistas llegados de todo el mundo. Es fácil encontrarlos: solo hay que ir siguiendo los pequeños corrillos de gente para descubrir, en su centro una coral infantil, unos violinistas, un grupo de percusionistas africanos o una voz que interpreta temas country. Así da gusto conocer algunos de los rincones más bonitos de la ciudad.

Y para los que no temen a las aglomeraciones, diversos escenarios acogen los conciertos más multitudinarios, como por ejemplo los que se celebran en la plaza de Hauptmarkt.

EN EL BARRIO ANTIGUO. Aunque para festivales gratuitos en el centro histórico, ninguno como el Altstadtfest, cuya próxima edición va del 15 al 26 de septiembre. Por supuesto que habrá música (una extensa representación del folclore alemán, entre otras cosas). Pero estas dos semanas dan para mucho más: hay mercadillos callejeros de alimentación o de objetos hechos a mano; atracciones para los niños; puestos de comida (donde degustar la tarta de cebolla o el vino joven de la región) y eventos tradicionales, como la famosa Justa de los Pescadores, que tiene lugar en el río Pegnitz. Asimismo, durante esos días se desarrolla un amplio programa de obras de teatro, amparadas bajo el ciclo Hans-Sachs-Spiele. En conjunto, una oportunidad inmejorable para conocer las raíces de la cultura francona.

CervezaLA CERVEZA. Especialidades hechas a partir de lúpulo y malta. 

Toda la región de Franconia siente un fuerte vínculo con el mundo cervecero. De hecho, este área tiene la mayor concentración de fábricas de cerveza de todo el mundo (solo en la zona norte hay más de 200). Como consecuencia, en la región se produce una amplia variedad, que va de la pilsen, a la negra, pasando por la ahumada, la roja o la zwickel (de tipo lager, sin filtrar ni pasteurizar).

Algunas de las fábricas más famosas de Núremberg son la Tucher Traditionsbrauerei, Hausbrauerei Altstadthof y Schanzenbräu. Eso sin nombrar las bodegas subterráneas, frescos almacenes de cuatro pisos de profundidad. Aunque para degustar esta especialidad basta con entrar en algún biergarten (bar) o asistir a alguno de los festivales especializados.

Salchichas‘BRATWURST’. Las salchichas más populares del mundo.

En el 2003, la bratwurst de Núremberg fue la primera salchicha en ser aceptada en el registro de Indicación Geográfica Protegida de la UE. Desde entonces, este sello indica que el producto se produce en la ciudad de acuerdo a la receta tradicional oficial. Esta delicia culinaria suele tomarse en grupos de 6, 8, 10 o 12 salchichas, con mostaza o, según marca la tradición, con kren, un rábano picante. Los acompañamientos típicos son el chucrut, la ensalada de patata o el pan negro.

Aunque la cocción más típica es a la brasa, también se pueden hacer en un caldo con vinagre, vino, cebolla y especias (saure zipfel). Otra presentación típica es el 3 im weggla: tres salchichas con mostaza dentro de un panecillo crujiente y redondo.

‘LEBKUCHEN’. Un bocado típico de las fiestas navideñas. 

Este pan de especias es el dulce más famoso de la ciudad. Una delicia de reconocimento internacional que inventaron los monjes en el siglo XIV, cuando la entonces ciudad imperial se hallaba en la intersección de las antiguas rutas de comercio y vendía especias exóticas, como la canela, el clavo, el cardamomo, la nuez moscada y las almendras. La receta original pasó de generación en generación, hasta obtener la Indicación Geográfica Protegida en 1996.

La versión más excelente de este dulce se llama Elisenlebkuchen, en honor a Elisabeth, la hija enferma de un pastelero que, según la leyenda, se recuperó gracias a la ingestión de los mejores lebkuchen, que su padre elaboró especialmente con los mejores ingredientes y sin utilizar harina.

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