LÁPIDAS CON NOMBRES ILUSTRES
UNA CIUDAD tiene mil caras, y en cada visita se pueden descubrir algunas. Todo depende de los objetivos de cada viaje. Se puede optar por visitar los monumentos más famosos o los rincones más desconocidos; tirar de la guía turística o perderse entre las calles; dejarse llevar por el ritmo de vida frenético o buscar la calma en la que reposan los muertos. Este último aspecto no es tan descabellado como pueda parecer. De hecho, los cementerios suelen captar un buen número de visitantes, en muchos casos atraídos por los nombres ilustres que muestran las lápidas. El más famoso, sin duda, es el Pére Lachaise de París, donde además de obtener unas vistas magníficas de la ciudad y observar las numerosas esculturas que resisten sin quejarse el paso del tiempo, el visitante puede acercarse a las tumbas de prestigiosos escritores como Molière o Balzac, compositores de la talla de Rossini y Chopin o pintores como Delacroix. Eso sí, la más concurrida es la de Jim Morrison (foto), cantante del grupo The Doors, convertido en mártir del rock’n’roll tras su muerte por sobredosis en 1971. Por su parte, el Highgate Cemetery acoge a buena parte de la aristocracia de la city, aunque con un ilustre intruso: Karl Marx. Y en Praga, en el barrio judío de Josefov, un pequeño cementerio alberga los restos de cerca de 30.000 personas, sepultadas entre 1439 y 1787, como se puede adivinar en sus gastadas, apiladas y ennegrecidas lápidas.

‘TRUCK OR TREAT’ EN EEUU
LA CASTAÑADA ya no tiene la exclusiva en la víspera del día de Todos los Santos. Desde hace un par de décadas, comparte este honor con la fiesta de Halloween, beneficiada por la eficacia del todopoderoso imperio mediático estadounidense. Pero no hay nada como disfrutar de la versión original en cada lugar, arraigada en las propias tradiciones. Por eso, si realmente se quiere disfrutar de la noche de brujas, nada mejor que poner rumbo al país donde estalló todo el fenómeno, y no dejar que las calabazas se coman a los panellets en su propia casa. Es en Nueva York donde se celebra el desfile más multitudinario y especial. Todo el barrio del Greenwich Village adopta un ambiente siniestro y tétrico, en el que se mezclan las calaveras y los disfraces terroríficos con la música y el baile. Su éxito lo demuestran los datos: unos 50.000 participantes y cerca de dos millones de espectadores. San Francisco también se toma muy en serio la celebración, y en toda la bahía se transforma para lograr asustar hasta al más valiente. Además, siempre queda la opción de ir de puerta en puerta reclamando golosinas bajo la amenaza del truck or treat (algo así como dulce o travesura). Quien no pueda ir tan lejos, Disneyland París redecora sus calles principales con centenares de calabazas y, este año, cuenta con la participación de los personajes de la película Pesadilla antes de Navidad de Tim Burton. Aún más cerca, Port Aventura ha preparado, a falta de uno, tres pasajes del terror .

HOMENAJE  A LOS ESPÍRITUS
EN MÉXICO se fusionan las creencias de los pueblos indígenas con la tradición religiosa impuesta por los conquistadores españoles para configurar una celebración donde no hay espacio para el dolor, y sí para la alegría, a pesar de que la fiesta reciba el nombre de Día de los Muertos. Y es que según la tradición, el 2 de noviembre es la fecha en la que los fallecidos pueden regresar a su hogar. Por eso, las familias construyen en su casa un altar para recibir a los espíritus, junto con flores, fotografías, comida, bebida y los objetos preferidos en vida de los muertos. Además, se encienden velas y se quema incienso, para ayudarles a encontrar el camino a casa, y se colocan coloridos esqueletos de juguete o papel maché (en la foto), cada vez más elaborados. Otro de los clásicos de la fiesta son las típicas calaveras de azúcar, decoradas de mil formas diferentes, y en las que se coloca el nombre de pila de la persona a quien van dirigidas. Nada mal intencionado. Al contrario, se trata simplemente de desafiar a la misma muerte.

TEXTOS EDUARD PALOMARES