SI LAS HÉLICES LAS construye una em- presa propiedad de Rolls Royce, sobra ha- blar de la calidad del resto. Aquellos que es- udiaron letras siempre observan un barco con esa mirada entre boba y curiosa: ¿Có- mo hará este enorme trasto para flotar? En el caso del Queen Mary 2, la duda marea. Sus 150.000 toneladas no sólo flotan sino que planean por encima del mar impulsa- das por cuatro motores diésel de 217 to- neladas cada uno. El colmo del tunning en versión acuática. Uno puede evadirse de las dudas físicas y pedir que el viaje, como a taca, sea largo, rico en experiencias, en co- nocimiento, que numerosas sean las ma- ñanas de verano en que con placer, feliz- mente, arribes a bahías nunca vistas. La comparación con el Titanic, iceberg a un lado, es el recurso fácil. Los dos son mitos de su tiempo, colosos marinos, al- bergues de lujo para intrépidos viajeros, má- quinas de orfebrería…, un caramelo para unas vacaciones en el mar; pero de altura. El Queen Mary 2 realizó su crucero inaugu- al el 12 de enero del 2004. Cubre regular- mente travesías transatlánticas hacia la ciu- dad de Nueva York y ofrece cruceros ocasio- nales por el Mediterráneo, norte de Europa, Caribe y Canadá.

ALGO MÁS QUE UN TÓPICO Con una capacidad máxima de 3.090 pa- sajeros, este navío propiedad de Cunard es una pequeña ciudad flotante. ¿Tópico? Res- taurantes, teatro, cine, biblioteca, tiendas, galería de arte, sala de ordenadores, zona de videojuegos, salones de belleza, guar- dería…. ¿Tópico? Hay ciudades menos acondicionadas que este barco.

El barco cuenta con teatro, cine, restaurantes, biblioteca, discos y zona de relax

El Queen Mary 2 cuenta con siete restau- rantes para todos los gustos. Desde el ex- clusivo Queens Grill hasta el más informal King’s Court, con capacidad para 478 co- mensales. Los que deseen retar al mareo pueden escoger el Terrace Pool, que ofre- ce comidas y cenas al aire libre. Después de cenar, el antojo es caprichoso. Puede apetecer una peli, un paseo bajo la luna, unos bailoteos, un buen cigarro o echar unas cartas. En el Illuminations, con capacidad para 493 pasajeros, se puede disfrutar de una película en realidad virtual o contemplar las estrellas en el primer planetario en alta mar. Para quemar la cena, se puede optar por Queens Room, una de las mayores dis- cotecas flotantes del mundo. Si se prefiere tomar una copa, el Chart Room y el Champagne bar sirven todo tipo de combinados sin tener que pedirlos a gri- tos. Los amantes de los pubs ingleses, no intenten montar una taberna de estraperlo en su camarote. Acudan al Golden Lion pub, que además de cerveza, ofrece comida caórica y una pequeña sala de baile. Cigarros, puros y pipas, preguntar por el Cigar Loun- ge. Ordenadores y videojuegos, acudan rau- dos al ConneXions. Para probar suerte con los juegos de azar hay que dirigirse al Em- pire Casino, con capacidad para 200 per- sonas y una pequeña franquicia del espíri- tu Las Vegas. Para cultivar la mente, nada más gratificante que dar un garbeo por la biblioteca librería, que alberga 8.000 volú- menes, CD-ROM y vídeos. SALUD Y BELLEZA A lo largo de dos de las 19 cubiertas del Queen Mary 2 se encuentra el Canyon Ranch SpaClub, un centro de salud y be- lleza con 1.900 metros cuadrados y 51 pro- fesionales destinados al bienestar del pa- sajero. Entre sus servicios, cuenta con pis- cina de talasoterapia, salas de masaje y cui- dado de la piel, sauna aromática y finlan- desa, gimnasio completo y equipos indivi- duales equipados con televisión. Las pistas de deportes están situadas entre las cu- biertas 12 y 13, a unos 66 metros de altu- ra. Incluyen una pista de baloncesto, put- ting green, un ajedrez gigante, shuffleboard, juegos de cubierta y una pista de pádel. Los niños cuentan con dos zonas de jue- gos divididas por edades hasta siete años y hasta 12 años. En cada una de ellas mo- nitores y niñeras se encargan, con todo ti- po de juguetes, de hacer pasar un buen ra- to a los pequeños. Los bebés también tienen su rinconcito en la guardería. Quizás sean ellos, los niños, los únicos en entender el significado de Ítaca. ¿Un sueño? ¿El cami- no? Ellos son felices porque sí. Quizás só- lo se trate de eso: disfrutar del crucero.

 

TEXTO GUILLERMO TELES