CUENTA LA HISTORIA que en Navidad hay una ciudad al norte de Europa donde crecen hojas doradas en los árboles y las estrellas, como bolitas de cristal resplandecientes, brillan con más intensidad en el cielo. Dicen que sus calles huelen a canela, a mora y frambuesa; suenan a coros celestiales, a bullicio…y se visten de artesanía, libros y artículos de diseño. Así es Viena en diciembre –en plena época del Adviento–, un reino mágico donde los mercadillos recobran vida, inundando de luz y color toda la ciudad. Esta tradición navideña se remonta a la edad media y con el tiempo se ha convertido en un auténtico escaparate de la cultura y costumbres vienesas. Hasta 21 mercados de pesebre, como se conocían antaño, se despliegan por los barrios céntricos, donde se puede encontrar casi de todo. El más poblado a cualquier hora es el del Niño Jesús (Christkindlmarkt), situado en la plaza del Ayuntamiento. Allí, en estas fechas, sus 143 puestos son un hervidero de niños y adultos que acuden como alumnos a aprender a elaborar regalos, dulces y pastas típicas navideñas, además de pasear en tiovivo o en poni, como suele ser tradición. También lo es visitar el mercadillo de la plaza Freyung, donde el ambiente se torna casi celestial por los palacios de fondo y sus paradas de decoración tradicional y juguetes de madera, que rodean la famosa fuente de Austria con el aroma de pan de especies y manzanas asadas. Igual de encantador es el patio del palacio de Shönbrunn, residencia de los Habsburgo, ya que las tiendecitas que lo adornan ofrecen todo tipo de alhajas hechas a mano y delicias campesinas como aguardiente casero, ahumados y pasteles. En cambio, el mercado del barrio de Spittelberg es el más artístico, el más imaginativo. Entre sus callejuelas angostas se suceden los puestos que abren todo un mundo bohemio de cafés y pequeñas enotecas, galerías de arte, antigüedades y artesanía elegante, que también inunda los puestos montados delante del palacio Belverde o de la iglesia de San Carlos. Algunos de estos mercadillos, además, se transforman en auténticas tiendas de diseño. Así, los regalos más originales, raros y nada convencionales, como prendas de vestir, bolsos, sábanas, cámaras y otros artículos, se encuentran en las paradas de la Kabine, en Karmeliterviertel, y del barrio de los Museos (Museums Quartier).

FIESTA EN LA CALLE

El visitante que recorre, asombrado, estos mercadillos puede coger fuerzas con una sabrosa bebida dulce y caliente, perfumada de canela y repleta, a veces, de grosellas, naranjas, caramelo o chocolate. La receta de este licor es totalmente diferente en los distintos quioscos donde se venden, por eso la parada en cada uno de ellos es irrepetible. Como también lo son las melodías de los conciertos corales, típicos de estas fechas, que consiguen sosegar el incansable jolgorio callejero durante todas las tardes. Durante el Adviento, Viena es un mundo imaginario, habitado de ángeles y personajes de leyenda que bailan al compás de la caída de sus primeros copos de nieve. Es la magia de un lugar alegre y dulce donde la Navidad se vive con la misma intensidad de la niñez.