MIRAMOS POCO ATRÁS. Los avatares de la historia se disuelven, emborronan el recuerdo y quedan diluidos por un presente de carácter, embaucador y presumiblemente prometedor. Pero al visitar el norte de Vietnam, su pasado reciente no puede pasar desapercibido. El punto de partida, Hanoi –la actual capital política y administrativa de la región y antaño la antigua capital de Thang Long– abraza rasgos de Oriente y Occidente. Al abandonar el aeropuerto, el visitante se precipita sobre un aparente caos circulatorio, un enjambre de motos y bicicletas que anuncian cada movimiento haciendo sonar sus bocinas con total impunidad. Peregrinando por la ciudad, se saborean joyas coloniales de la época francesa como el teatro municipal, centro de la pujante vida cultural, concretada en el Roi Nuoc, una de las manifestaciones más enraizadas de la tradición vietnamita. Se trata de espectáculos de marionetas donde los actores, los músicos, los cantantes y los muñecos dan forma a deliciosas representaciones, normalmente basadas en leyendas típicas del país, sobre un escenario acuático. Sobre un cyclo pousse –carro arrastrado por un lugareño que pedalea su bicicleta incansablemente– se alcanza la catedral, de 1886, con sus muros y jardines consumidos por la edad. De allí al Templo de la Literatura, universidad que ofrece ejemplos fascinantes de la antigua arquitectura tradicional vietnamita, muchos de cuyos patios y templetes erigidos en honor a Confucio datan del siglo XI. Y no hay que abandonar Hanoi sin pasar por la Pagoda de un solo pilar y el Mausoleo de Ho Chi Min, una faraónica construcción de mármol de estilo soviético que contiene los embalsamados restos del padre de la patria, que descansan en el interior de un sarcófago de cristal.

UNA ORACIÓN CERCANA

A unos 60 kilómetros al suroeste de Hanoi se encuentra la Pagoda del perfume, un complejo de santuarios construidos junto a los acantilados de piedra caliza de la montaña Huong Tich. Destaca la Thien Chu (pagoda que conduce al cielo) o la Giai Oan Chu (pagoda del purgatorio), donde el fiel busca la purificación del alma, la curación de sus dolencias y la concesión de descendencia por parte de las deidades. En los alrededores de Hanoi los pueblos defienden con recelo los rasgos distintivos de su personalidad. Entre ellos destaca Bat Trang, la aldea de los ceramistas; So, famoso por sus exquisitos fideos, y Van Phuc, donde conviven gran cantidad de expertos fabricantes de seda. Actualmente la aldea de Dong Ky vive de la producción de muebles tradicionales con incrustaciones de nácar. Y la valiente Le Mat hace de las serpientes su modus vivendi. Los lugareños las crían –parecería que incluso con cariño– para acabar convirtiéndolas en un elixir medicinal o en el motivo principal de un atrevido plato de algún restaurante.

TAM COC

Se le conoce como la Bahía de Halong entre arrozales, haciendo honor al espectáculo natural que ofrece. Sin embargo, la traducción literal de Tam Coc significa tres cuevas. Se refiere a las grutas que pueden alcanzarse sobre un bote, a remo y a través del río Ngo Dong, constituyendo un viaje relajante y, según la compañía, también romántico. Similar es el paisaje de Hoa Lu, la que fuera la capital vietnamita durante la dinastía Dinh (968-980) y la primitiva dinastía Le (908- 1009). Entre sus monumentos sobresale la antigua ciudadela, en gran parte destruida, que abarcaba una extensión de tres kilómetros cuadrados e incluía templos, santuarios y el palacio del rey. Un reducto de pompa y suntuosidad, que bien puede acompañarse de otro lujo: una 333 Ba Ba Ba, la refrescante cerveza local. Para saborear íntegramente el viaje.