Como capital del País Vasco, cuenta con un importante desarrollo urbano. Sin embargo, ha sabido armonizar su imagen de ciudad histórica con el diseño de una ciudad moderna, en el mejor sentido de la palabra, esto es, como ciudad habitable. Esta impresión se percibe también en el ambiente callejero y en la afabilidad de sus gentes, dispuestas a interrumpir el paso de su actividad cotidiana para saludar al conocido, atender al visitante o detenerse para echar una moneda a los artistas de calle. No es extraño pues, que Vitoria sea considerada una de las ciudades de España con mayor calidad de vida.

En una rápida visita, nos situamos en el corazón del núcleo urbano, conocido como el Ensanche. Aquí el paseante se siente dueño y parte de la ciudad, deambulando por sus espaciosas calles peatonales. El aspecto urbano de esta zona viene marcado por al aire neoclásico de la plaza Nueva o plaza España, los Arquillos y el Palacio de la Provincia, y por el toque característico de los miradores que adornan las viviendas. Es aquí donde se ubica la plaza de la Virgen Blanca, típica imagen de Vitoria. Se trata de una bella y céntrica plaza de la zona peatonal, rodeada de terrazas y cafeterías y punto de transición entre el Ensanche y la ciudad medieval. En este mismo lugar, todos los 4 de agosto, se da inicio a las Fiestas de la Virgen Blanca, con el popular ritual de la bajada de Celedón.

EL CASCO VIEJO

Desde aquí, a través de varios tramos de escalinatas o de callejas en cuesta –cantones–, se accede a la colina sobre la que se asienta el casco medieval, origen de la ciudad. Con su característico perfil de las Cuatro Torres, el Casco Viejo configura una importante seña de identidad de Vitoria. Bares, restaurantes y tiendas de artesanos se alternan con museos, casas señoriales, palacios renacentistas e iglesias góticas.

Las estrechas calles y plazas cerradas componen el conjunto de esta parte de la ciudad, en declarado contraste con los espacios abiertos, grandes avenidas o paseos arbolados y zonas verdes de la Vitoria romántica y la Vitoria moderna que se expanden al pie de la colina.

PASEO DE 3 KILÓMETROS

De la Vitoria romántica precisamente merece destacarse el Parque de la Florida, con su quiosco de la música y el largo paseo de tres kilómetros, salpicado de hotelitos y palacetes, que enlaza el centro urbano con las campas de Armentia. Este paseo es habitual entre los vitorianos y especialmente, el día 28 de abril, en que los alaveses acuden en romería hasta la basílica románica de Armentia, para honrar a su patrón San Prudencio y degustar los famosos perretxikos y caracoles.

La ciudad presume de zonas verdes

Vitoria no sólo tiene uno de los mayores porcentajes de zona verde por habitante de toda Europa, sino que de forma espontánea, parece que el campo se entremete en la ciudad. Las campas de Olárizu, las de Armentia, Lasarte, Mendiola, Gamarra y el río Zadorra, configuran el perímetro urbano, invitando a relajados paseos que culminan en la terraza o el comedor de alguna de las sidrerías o pequeñas tascas que alegran estos parajes campestres periurbanos. Los humedales del Parque de Salburúa, con su observatorio de aves e itinerarios señalizados ofrecen un recorrido particularmente atractivo para el amante de la naturaleza y los espacios abiertos. Todo ello sin alejarse apenas del centro urbano y sin necesidad de coger el coche para llegar a cualquiera de los anteriormente mencionados parques del Anillo Verde.

TEXTO JUANA M. RICO