YUNNAN ES EXTRAÑO.

 Una mezcla entre lo chino y lo tibetano. Una tierra en- tre dos tierras, entre gentes de culturas y costumbres diferentes, de contrastes, di- versa. Una mezcla entre lo moderno y lo tradicional. Su desafío consiste en entrar a la modernidad sin perder su identidad. El Yunnan moderno, en desarrollo, po- tente, industrializado, no nos gusta. Lle- no de móviles, tecnología y grandes in- fraestructuras pero con construcciones sin diseño ni sentido, casas mal acaba- das, grandes fábricas, puentes y auto- pistas de peaje, automóviles, ciudades y pueblos en construcción y turismo. Mu- cho turismo. Un Yunnan muy poco au- téntico y lejos del Yunnan romántico, exó- tico, puro y étnico que esperamos. Sin embargo, el otro Yunnan también existe, escondido. Hay que buscarlo, en- contrarlo, pero está ahí, con sus más de 10 minorías étnicas, sus majestuosos pai- sajes de poderosos ríos e imponentes montañas nevadas, con su gente, sus mercados locales, sus templos y pago- das, lleno de espiritualidad, misticismo, con ancestrales tradiciones.

Y es sobre todo en Shangri-La, anti- guamente llamada Zongdhian, donde esa esencia y autenticidad todavía se con- servan, algo. Tibetanos, de fuertes sen- timientos budistas, orgullosos de su tie- rra y su pasado, conviven con los Han, la mayoría china. Hay turistas chinos, claro, pocos extranjeros, pero nada que ver con el resto del Yunnan, ya masificado. No hay ni cadenas de restaurantes ni casi cafe- terías, ni grandes hoteles. Todavía es po- sible ver a un niño que se sorprende an- te ti, encontrarte a una abuela indiferente a tu paso. Nadie pide dinero. ¿Es Shangri-La un paraíso, un horizonte perdido? Seguramente ya no, pero sigue siendo un lugar diferente, donde emo- cionarse, pensar, discurrir, meditar, don- de aprender de su gente, con cultura y tradición. Su ciudad nueva carece de in- terés. Su centro histórico, llamado Duke- zong, de calles empedradas, casas anti- guas y gente impasible al paso del tiempo, merece la pena. Algún mercado, gente local jugando en la calle, mujeres conver- sando –algunas enfundadas en su traje de tela tradicional– y tiendas de recuer- dos, pero no muchas.

UN BILLETE AL TÍBET

Shangri-La es Songzanglin, un monaste- rio lamaísta tibetano que marca el ritmo de la gente de la ciudad, su espiritualidad, su orgullo. Arquitectónicamente bello, im- ponente, se alza majestuoso en una co- lina. Más de 800 monjes viven en él man- teniéndolo vivo, activo, siendo los guardia- nes de la tradición y la sabiduría. Si lo vi- sitas te transportas al auténtico Tíbet. Ce- remonias de alto sentido espiritual, cán- ticos tibetanos, gentes y monjes entrando y saliendo constantemente, aroma a le- che de yak en su interior. Pero Shangri- La es también su tierra, su cielo, sus ti- betanos. Y su río, el Yangtsé. Tierras al- tas, desnudas y recias, habitadas por es- píritus indómitos, impasibles, de iniguala- ble belleza, que transmiten una tranqui- la sensación de limpieza y paz. Pueblos diseminados a casi 4.000 metros de al- tura, con sus casas típicas de madera, fachadas pintadas de vivos colores, lle- nas de familias dedicadas al campo, a su ganado, a su comida.

Cualquier motivo es bueno para reu- nirse, invitar al resto del pueblo a su ca- sa, a compartir una comida normalmen- te a base de carne, leche y queso de yak, su sustento principal. Un animal que les abriga con sus pieles y les da de comer con su carne y leche, además de ayudar en tareas del campo. Danzan, conversan, ríen, se relacionan. Son hospitalarios, amables, si te acercas te invitan sonrien- tes, no hay distinción. Gente que resiste su identidad, de rostros morenos y mira- da serena, vida difícil, algunos con sus trajes típicos; otros, los más jóvenes, ya modernos y hasta con móvil. Una etnia hermosa firme en sus tradiciones, a su tierra llena de bosques, altas montañas, cercana al sagrado Himalaya. El Yangtsé, río de los ríos en Asia, rebelde, cautelo- so y pausado, dibuja en Yunnan una su- gerente figura, testimonio a su paso del bello paisaje, del rezo de un creyente, del silencio de sus aguas, jugando capricho- so con el azar hasta su destino.

orcanbar@hotmail.com

Tel. 639.367.120

LA ESENCIA

 En Shangri-La, antes llamada Zongdhian, todavía se conserva la autenticidad 

TEXTO JORDI CANAL