SORPRENDE ZAGREB como metrópoli capaz de aunar las formas centroeuropeas con el espíritu mediterráneo, ese que muestra en su gusto por la vida al aire libre y la búsqueda de los rayos de sol en las terrazas de la ciudad. No conviene perderse este acogedor rincón del Viejo Continente en el que el viajero se sentirá como en su propia casa. Zagreb sabe combinar a la perfección su condición de capital centroeuropea con un cierto espíritu mediterráneo, presente sobre todo en el carácter abierto y hospitalario de sus habitantes. Las calles y plazas de su casco histórico muestran una ciudad hecha a la medida del ser humano, donde se puede disfrutar a la vez del arte y de la historia…, y también de una cerveza en una terraza o de un concierto en un local de moda. Zagreb es una ciudad moderna, pero que mantiene vivas algunas tradiciones como el encendido manual de faroles de su parte alta o el cañonazo de la torre Lotrscak, que cada día anuncia el mediodía desde hace 130 años. El centro de la vida urbana se articula en torno a la plaza de Ban Josip Jelacic, ubicada entre la Ciudad Alta y la Ciudad Baja. Zagreb surgió de la fusión de dos poblaciones medievales, Kaptol y Gradec, que tras siglos de convivencia se unificaron administrativamente en 1850 bajo su nombre actual. LA PARTE ANTIGUA Para acceder a la Ciudad Alta, la parte más pintoresca de Zagreb, lo mejor es acercarse al tranvía eléctrico que cada diez minutos salva el desnivel que separa las dos partes de la ciudad y lleva a los pies de la torre Lotrscak. Enseguida se percibe la fisonomía barroca de Gradec y se llega a uno de los emblemas de la ciudad: la iglesia de San Marcos, del siglo XIII, con su atractivo y coloreado tejado con los escudos de Zagreb, Dalmacia, Croacia y Eslavonia. En su plaza se encuentran también el edificio del Parlamento y los palacios de Ban, desde el que en su día gobernaban los reyes croatas. A partir de aquí hay que callejear y dejarse sorprender por lugares como la iglesia jesuítica de St. Katerina, el palacio de Rauch, con una bella arquitectura, que alberga el Museo Croata de Historia, o los edificios de la calle de Cirilo y Metodio. Así se llegará hasta la Puerta de Piedra, un curioso y místico lugar que alberga una capilla que surgió cuando, según cuenta la tradición croata, tras un incendio en 1731 se quemaron todas la partes de madera de la puerta y se salvó intacto un cuadro de la Virgen con el Niño. Atravesando la Puerta de Piedra se deja atrás la parte de Gradec para adentrarse en la zona históricamente más comercial de la ciudad, un lugar vivo en torno a las calles de Pavle Radic y Tkalciceva, repleta de terrazas y siempre llena de gente disfrutando del sol, y la plaza principal Dolac. Esta última es visita obligada, ya que es un gran mercado al aire libre lleno de color y aromas. A continuación se ubica la antigua ciudad de Kaptol, que fue una urbe de clérigos que creció en torno a uno de los símbolos de la ciudad: la catedral de la Asunción de la Virgen y San Esteban, con sus dos infinitas torres neogóticas. Zagreb es una ciudad cómoda: su número de habitantes, que no llega al millón, y la dimensión de su casco histórico, hacen que una visita a la ciudad sea sencilla y accesible, sin tener que hacer grandes desplazamientos. LA PARTE MODERNA A continuación de la parte histórica creció la ciudad más moderna, donde bulle el día a día entre comercios, restaurantes y locales de moda. Pero Zagreb también cuenta con numerosos parques y zonas verdes incluso en su centro urbano, donde enlazan seis grandes parques llamados la herradura verde de Lenuzzi, y no hay que perderse el Jardín Botánico y el parque Marksmir, con más de 200 años de antigüedad. Los amantes del arte también encontrarán en Zagreb obras únicas en sus numerosos museos, como el Museo Mimara, que alberga una valiosa colección, el Museo de las Artes Aplicadas o el Museo de la Ciudad. En definitiva, Zagreb es una ciudad perfecta para realizar una escapada corta que permite combinar el turismo cultural con un animado ambiente nocturno y una cuidada oferta gastronómica.