Zanzíbar

es que llegas a otro mundo. Los olores, las especias, la fauna y la flora, las playas de arena blanca y aguas transpa- rentes y, sobre todo, la hospitalidad de la gente, dejan una huella indeleble en la me- moria del viajero. Anclado en el océano Índico, Zanzíbar es el nombre del archi- piélago que engloba las islas de Unguja, Pemba y varias islas menores. Aunque de dimensiones parecidas, tienen rasgos dis- tintos. Unguja es más continental, está más poblada y es más conocida. En ella se encuentra la Ciudad de Piedra (Sto- ne Town), la antigua capital colonial que alberga la actividad comercial más im- portante del archipiélago perteneciente a Tanzania. Pemba, en cambio, posee un carácter más oceánico.

Desde tiempo inmemorial, el paradisía- co enclave africano ha atraído a toda suer- te de exploradores, aventureros, merca- deres y conquistadores. La historia de Zanzíbar ha sido forjada por la presencia de numerosas civilizaciones –bantúes, fe- nicios, persas, asirios, sumerios, egipcios, chinos, indios, malayos, portugueses, in- gleses, holandeses y árabes–, que deja- ron su impronta en las islas. Sin embar- go, la rica herencia histórica de Zanzíbar no esconde ingratos recuerdos. En este capítulo se enmarca el tráfico de escla- vos, uno de los negocios más lucrativos durante los siglos XVIII y XIX. La interven- ción del Reino Unido, alertado por los ho- rripilantes relatos del misionero y explo- rador David Livingstone, se encargó de abolir semejante lacra en 1873. Tras una época de duras tensiones y convulsos episodios, Tanzania, y por en- de Zanzíbar, dejaron atrás antiguas que- rellas para emerger como un destino de gran atractivo turístico.

Actualmente, el archipiélago africano recibe a los moder- nos aventureros que quieren disfrutar de lugares exóticos y llenos de vida. La sim- patía y hospitalidad de sus habitantes re- ciben al recién llegado con los brazos abiertos, dispuestos a hacerle la estancia lo más agradable posible.

 Cocina bien condimentada La cocina de Zanzíbar está bien condimentada. No podía ser de otra manera. Por algo se conoce como las islas de las especias. Clavo, co- mino, cardamomo, pimienta, cane- la, vainilla y jengibre cumplimen- tan muchas de las especialidades del archipiélago. El pirlu –arroz co- cinado con caldo de verduras ade- rezado con jengibre, ajo y canela– es el plato típico local. Zanzíbar también es rica en frutas exóticas –mango, piña, maracuyá–, pesca- dos y mariscos, sobre todo langos- tinos, langosta y cangrejo. En las calles, los puestos ambulantes ofre- cen kebabs, brochetas de pescado, pulpo hervido y otros platos coci- nados.

El alojamiento no es problema. Las is- las ofrecen la posibilidad de hospedarse en acogedoras pensiones, en conforta- bles bungalows o en antiguas mansiones de sultanes reconvertidas en hoteles lu- josos. En cuanto a la oferta turística de Zanzíbar, ésta es amplia y variada. Los amantes del mar y los deportes náuticos tienen la oportunidad de bañar- se en aguas cristalinas y tostarse al sol en playas de arena blanca rodeadas de pal- meras. Practicar el submarinismo supoe un aliciente extra.

El archipiélago per- mite divisar sensacionales arrecifes de co- ral, así como disfrutar de la pesca y otros deportes acuáticos. Base principal de ex- pediciones al continente africano, Zanzí- bar puede ser el punto de partida para aquellos que quieran formar parte de un apasionante safari por Tanzania. Los encantos del mar no esconden los atractivos de tierra firme. En Unguja, la Ciudad de Piedra, declarada Patrimonio de la Humanidad en 1994, alberga algu- nos sitios de obligada visita. Es el caso de la Casa de las Maravillas, edificio cons- truido en 1883 por el sultán Barghash co- mo palacio de ceremonias y símbolo modernidad de la ciudad. Destruido por los británicos en 1896, fue reconstruido a principios del siglo XX para acoger el pa- lacio residencial del sultán Hamoud. El Mu- seo de Palacio, dedicado a los sultanatos; el Museo Conmemorativo de la Paz, que ofrece un repaso a la historia de la isla; la Malandi Mosque, una de las mezquitas más antiguas de la ciudad dedicada al cul- to suní, y la Casa de Livingstone, construi- da en 1860 por el sultán Majid, son otros puntos de interés.

SÍMBOLOS DE GRAN VALOR

 Mención especial merece la gran diversi- dad de puertas de madera labrada que adornan las entradas de las casas. Hay más de 500 y destacan por su belleza y majestuosidad. Muchas son de estilo per- sa y omaní, muy ornamentadas y remata- das con un arco en el que se puede leer la fecha de construcción, el nombre del propietario y un fragmento del Corán. Otras son de estilo indio, más austeras, sin ar- cos ni grabados, fabricadas en madera de sésamo procedente de la India o con ma- dera del árbol del pan. En la localidad de Bububu destaca uno de los lugares más visitados de la isla, los baños persas de Kidichi, construidos en 1850 por Said ben Sultan para su espo- sa, la princesa Scherezade, y las ruinas del Palacio Marahubi, construido en 1882 por el sultán Barghash y destruido poco después por un incendio. De él se con- servan las columnas de la galería y del acueducto.

En Nungwi se encuentra el Acuario Mnarani, en el que habita la cé- lebre tortuga de carey. Y en Dunga Mitini se hallan las ruinas del palacio del último rey de Zanzíbar de la dinastía omaní. La selva de Jozani, en Pete, es el bosque más importante de la isla. Allí viven el mono co- lobo rojo, el cercopiteco azul o mono de Syke y el leopardo de Zanzíbar. La isla de Changuu, conocida como is- la de la Prisión –allí fueron confinados mu- chos esclavos–, atrae por su arrecife de coral y por ser el hábitat de un grupo de tortugas gigantes procedentes de las Sey- chelles. La isla de Tumbatu, habitada por una de las tres etnias oriundas del archi- piélago, los tumbatus, alberga las ruinas de una mezquita del siglo XI. La isla de Pemba también es rica en en- claves. Las ruinas de Pujini muestran los restos arqueológicos de lo que fue un pue- blo amurallado.

En el vivió el temible prín- cipe Mohammed bin Abdul Rahman, cruel gobernador de Pemba del siglo XV. Cha- ke Chake alberga un fuerte construido por los árabes y restaurado por los portugue- ses, que guarda un gran valor histórico. En la misma población se encuentra el Bemba Essen- tial Oil Distillery, donde se extrae el aceite de clavo. En las afueras de Chake Chake –Ras Mi- kumbuu– se pueden visitar las excavaciones de una ciudad de los siglos XIV y XV, en las que sobresalen las ruinas de una mezquita, tumbas y restos de diferentes viviendas. Pemba también acoge la mayor extensión de selva de la isla. En Konde se ubi- ca el Ngezi Forest, con el zo- rro volador, el mono colobo rojo y el antílope azul entre su fauna. Y en Micheweni se encuen- tra el Msitu Mkuu, un pe- queño bosque situado al noreste de la isla en el que habitan monos colobos y antílopes.

 

Los mercados y zocos de Zanzíbar están repletos souvenirs.

Tras el obligado regateo, el visitante p de llenar la maleta de recuerdos: kanzus (vestido gos de algodón blanco); kangas y kikois (tejidos vistosos colores empleados antiguamente como p das de vestir y pareos); muebles labrados, baúles, as y joyeros de diferentes tamaños; jabones y ace con esencias perfumadas y, por supuesto, especia De compras por los mercados y zocos El clima de Zanzíbar es ecuatorial, influido por el m zón.

Datos de interés para planificar el viaje

La temperatura media anual es de 26º. La len oficial es el swahili. El chelín o shilling tanzano (Tsh) es la moneda oficial –un euro equivale a 1.4 Tsh aproximadamente–, aunque el dólar es la divis mejor aceptada. Conviene llevar dinero en efectivo o cheques de viaje –en Zanzíbar no hay cajeros automáticos– y vacunarse contra algunas enfermedades (más infor- mación en la web del Ministerio de Asuntos Exteriores: www.mae.es).