EN ZERMATT coleccionan la nieve de mejor pedigrí. Sus montañas alcanzan alturas de vértigo y se ondulan de forma insinuadora mostrando sus blancos encantos durante todo el año. Zermatt es la estación de esquí más meridional de Suiza, la niña bonita para los amantes de los deportes blancos y uno de los paraísos terrenales de mayor altura. Sus encantos saltan a la vista. La localidad es mundialmente conocida por ser, en su conjunto, uno de los más completos –y lujosos– resorts dedicados a la nieve. Aquí, cualquier sueño del esquí o del snowboard se puede hacer realidad. Para empezar, presume de tener la temporada más larga de los Alpes: hasta principios de mayo. Pero eso no significa que no se pueda esquiar durante todo el año en los glaciares de nieve permanente –entre los 2.900 y 3.900 metros de altura– o practicar el fuera pistas por unas rutas impresionantes, vírgenes. Las opciones de esquí y snowboard de la estación se dividen en tres áreas que se elevan por encima de los 2.000 metros y llegan hasta los 3.800, con lo que las condiciones de la nieve son de matrícula y uno se encuentra ante sí con auténticas autopistas blancas, de entre 8 y 13 kilómetros, que descienden vertiginosamente hacia el pueblo. La pistas permanecen abiertas desde las 8.00 de la mañana hasta las 16.30 en invierno, horario que se prolonga hora y media más en abril.

LAS INSTALACIONES
La raclette y la fondue son otras dos especialidades que también se practican con gran pasión en Zermatt. Los quesos de Valais, emmenthal, gruyer y vacherin serán buenos compañeros de mesa en las veladas de après ski. La localidad cuenta con buenos restaurantes, como el rústico Whymper Stübe, que ofrece las mejores especialidades de la zona. Tampoco faltan los buenos cafés y pubs donde calentar motores y vivir el glamour de alta montaña. Y los grandes hoteles de lujo –como el Mont Cervin Palace o el Riffelalp Resort 2222– y chalets disponibles para familias o grupos, que conviven junto a opciones más económicas de hoteles, habitaciones, apartamentos e incluso un cámping.

ICONO SUIZO
Pero por encima de todas las cosas, Zermatt debe gran parte de su fama a la enorme pirámide sobre la que se asienta, el Matterhorn, icono suizo por excelencia que alcanza los 4.478 metros de altura y que ha sido uno de los grandes desafíos para los alpinistas de todos los tiempos. El pueblo se rodea de grandes montañas, y en concreto 29 de ellas superan los 4.000 metros. Posee un dominio esquiable de 313 kilómetros y el peculiar pico de esta gran montaña es la referencia constante para Zermatt, que crece a sus pies. Otro de los encantos que convierten este lugar en un destino exclusivo es su apartada situación, alejada del mundanal ruido y sólo accesible para aquellos dispuestos a emprender un viaje en tren desde la población de Brig o de Visp, escalando el valle de Vispa sobre los raíles del Metterhorn Gotthard en una excursión escénica de hora y media de duración. También el famoso Glacier Express inicia o acaba su trayecto en Zermatt, uniendo la localidad con la no menos conocida de St. Moritz. Y si el viaje es en coche, uno debe despedirse de él en el aparcamiento de Täsch, a 20 minutos de Zermatt, pues los únicos vehículos que circulan por el pueblo son los coches eléctricos. En resumidas cuentas, los elegidos que alcanzan el destino final son amantes de la montaña o de los deportes de invierno. O ambas cosas, que suele ser lo más común entre los fieles a esta estación alpina.