LA LLEGADA DEL OTOÑO

inspi- ra el verso y la rima. La poesía. La caída de las hojas es metáfora del volver a empezar. La brisa de vera- no retira su caricia y aparecen otros vientos, cargados de silencio, per- fumados de otoño. Al llegar a Astu- rias detienen su viaje caprichoso y susurran bosques de roble, abedul, fresno o castaño. Al tocar la comar- ca de Los Oscos, el runrún del oto- ño muta en fiesta para los sentidos. La estación tiñe el horizonte de ocres, pardos y rojizos que convier- ten la tradición en algo casi mitoló- gico. La naturaleza recobra vida. Iro- nías del entorno. Esta comarca, formada por los concejos de Santa Eulalia de Oscos, San Martín de Oscos, Villanueva de Oscos, Castropol, Vegadeo, San Tir- so de Abres y Taramundi, es una de las más emblemáticas y que mejor ha sabido guardar su fisonomía en el occidente asturiano. Rozando el tópico, podría decirse que en este rincón, lindante con Galicia y acer- cado a la costa, la belleza tocó te- cho y detuvo el tiempo. Laderas de monte bajo, bañados de brezos y helechos, dan cobijo a una fauna di- versa. Jabalís, corzos y zorros son los amos del bosque. Otros peque- ños carnívoros –nutria, garduña, ji- neta, tejón y comadreja–, junto con aves rapaces, forman el elenco de actores secundarios de lujo.

Y por encima del bien y el mal campa to- davía, por la Sierra de La Bobia, el lobo. La cercana Ría del Eo, reconoci- da como uno de los más importan- tes humedales del norte de España, alberga cielos de aves migratorias. Por debajo, ajenos al trajín aéreo, truchas, salmones, anguilas y lam- preas bañan sus escamas en un río nítido que en otoño agradece las pri- meras lluvias.

SENTIRSE NATURALEZA

En los siete concejos de la comar- ca de Los Oscos abundan rutas de senderismo debidamente señaliza- das que dibujan un camino que in- vita a sentirse naturaleza. Bosques de fábula, abundantes cursos de agua, aldeas de la nada, vistas pa- norámicas, gastronomía exquisita. Los Oscos es un lugar en el que apetece perder el tiempo. Una es- tancia mágica en la que todo sabe a antes y el visitante comprueba la cercanía y calidez de las gentes. Un paseo de 3 kilómetros por la senda de Carballeiras, en el conce- jo de Santa Eulalia de Oscos, des- pierta al dormido y relaja al espita- do. Este sendero permite disfrutar y vivir no sólo toda la naturaleza as- turiana sino también la etnografía y las gentes. Otras excursiones, éstas en el municipio de San Martín de Oscos, transcurren por el palacio de Mon o el Molino y la pequeña cas- cada de Soutelo. La comarca de Los Oscos desti- la una cultura propia: lenguas, tra- diciones y costumbres muestran una sana y natural manera de ser. Un modo de hacer heredado de la vida agrícola y ganadera, que hoy pue- de revivirse en los museos etnográ- ficos, que ha moldeado gente cer- cana y sencilla en el mejor de los sentidos. En la región todavía pue- de oirse el zumbido de los molinos en el Conjunto Etnográfico de Os Teixos y en el Museo de Mazonovo, ambos en Taramundi. Ferrerías, ma- zos y fraguas también están pre- sentes en el paisaje de la his- toria y la artesanía. Podemos evocar es- te pasado en los mazos rehabilita- dos de Os Teixos, Mazonovo y Me- redo, escuchar su golpeo continuo y disfrutar del sonido de las ruedas movidas por la fuerza del agua. El fuego sigue vivo en las fraguas de la comarca. Ahí, cuchillos y navajas son templados por los artesanos que mantienen la tradición cente- naria del trabajo en hierro.

ARTESANÍA PURA

En Mazonovo puede visitarse un martinete hidráulico para golpear y estirar las barras de hierro que sa- lían de las ferrerías. Es una excelente muestra de la industria herrera de la comarca, que hasta el siglo XIX ex- portaba material elaborado en As- turias y Galicia. En Brañavella se im- pone una visita al taller de Antonio Macadán, que aún fabrica navajas Luna al estilo de sus ancestros. En Santa Eufemia se encuentra el Ciclo de Pan, un conjunto de edifi- cios rehabilitados y nuevas cons- trucciones que ilustran y recrean una de las actividades más importantes de la vida tradicional de la comarca, la elaboración de un alimento tan fundamental como el pan.

Rica, variada y contundente

Quizás uno de los senderos que re- corren la comarca de Los Oscos desemboque sin querer en una al- dea. Si el reloj no aprieta, vale la pena buscar un restaurante. La gastronomía de esta zona asturia- na está basada en la gran calidad de sus productos. La simbiosis del mar y la montaña propicia platos ricos, variados y contundentes. La presencia de la Ría del Eo ga- rantiza la calidad de ostras, alme- jas, navajas y otro buen número de moluscos y crustáceos, debido a que el lugar es idóneo para el de- sarrollo de cultivos marinos. La oferta de pescados se amplía con el salmón y la trucha, presentes en los ríos de la zona, especialmente en el Eo. Las huertas de todos los pueblos aportan patatas, nabizas, tomates, cebollas… De las granjas que adornan el espacio natural de la comarca proceden las carnes de cerdo y especialmente de ternera, de cuya alimentación basada en pastos de montaña resulta la ju- gosa carne roja que llega a los res- taurantes de la comarca.

TEXTO GUILLERMO TELES