La ciudad más bella de Alemania

A pesar de que fue prácticamente borrada del mapa por los bombardeos aliados de la segunda guerra mundial, Dresde se presenta hoy ante el viajero con su fascinante estampa monumental, obra de una reconstrucción minuciosa y sorprendente, emprendida una vez finalizado el conflicto bélico. La conocida como ciudad del arte o la Florencia de Alemania ofrece al visitante atento y sensible sus más de 800 años de historia, que se recuperan en cada una de las callejuelas de su centro histórico y, sobre todo, en su vital espíritu artístico que, desde que floreció el siglo XVII, no ha dejado de deleitar al viajero.

Dresde no es ciudad para un solo día. Se trata de un destino que merece dedicarle mucho tiempo, para no perder los detalles que componen su belleza y fama de ensueño barroco, de ciudad cargada de propuestas y paisajes de singular belleza donde reposar vista y espíritu.

La tarjeta de visita de Dresde no tiene par: más de 50 museos, entre ellos la Gemäldegalerie Alte Meister (Galería de Pinturas de los Maestros Antiguos), la Grünes Gewölbe (Bóveda Verde) o el Museo Alemán de la Higiene de Dresde, 36 teatros y óperas, entre otros la Semperoper o el Centro Europeo de las Artes Hellerau. Los festivales que se celebran anualmente, tales como los de Música de Dresde o el Internacional de Dixieland, pone al alcance de propios y extraños una de las ofertas culturales más amplias del continente. Una recomendación especial: asistir a un concierto de las orquestas de la ciudad, entre las cuales destacan la barroca y la sinfónica, dos de las mejores del mundo.

Caminar a paso lento. Visita obligada es la del casco viejo, área que se recomienda recorrer a pie para admirar, a lo largo de tres escasos kilómetros, la mayor muestra de monumentos que se pueda imaginar. El paseo por esta ciudad podría comenzar en Zwinger Palace, una obra maestra del barroco alemán, un palacio que acoge una gran colección de obras de arte. Se puede seguir visitando el Alte Meister, donde se halla la conocida Madonna de Rafael (Madonna Sixtina), que este año conmemora sus 500 años. Desde allí se llega al Semperoper, uno de los teatros de ópera más importantes del mundo que cuenta con una acústica privilegiada. Es sede habitual de las más importantes óperas que se celebran en el país. Muy populares, hay que comprar las entradas con mucha antelación.

Otro de los monumentos imprescindibles es la iglesia Frauenkirche, por su decoración interior y porque desde su torre se disfruta de las mejores vistas de la ciudad. Visitas de interés son el Albertinum Museum, con obras de Rotloff y Van Gogh, la Gläserne Manufaktur, una vieja factoría de Volkswagen con muros de cristal y el Schwebebahn Dresden, un tranvía suspendido que ofrece una perspectiva de la ciudad inolvidable.

La ciudad nueva. Neustadt (Ciudad Nueva) fue construida en el siglo XVIII, y fue una de las áreas menos afectadas durante los bombardeos acaecidos en 1945. Su monumento más llamativo es el Palacio Japonés, así llamado por la cóncava forma de su tejado. En la actualidad, alberga los museos de Etnografía y Prehistoria.

La Neustadt también da vida al ambiente alternativo de la ciudad, y ofrece un llamativo recinto peatonal, convertido en distrito comercial. Desde la calle Prager Strasse hasta la calle Wilsdruffer Strasse hay más de cien tiendas, conocidas cadenas de moda, grandes almacenes y el mercado antiguo.

Recordar que Dresde es una de las ciudades con más zonas verdes de Europa. En el mismo centro está el gran jardín zoológico con ferrocarril. Yendo hacia el norte se llega a un gran espacio de bosque cerrado, lugar donde se extienden las conocidas landas de Dresde. Una buena opción es dar un paseo fluvial hasta el palacio y parque de Pillnitz, el lugar para relajarse y, por un rato, no hacer nada.

Más Información:

www.dresden.de
www.germany.travel

Texto: Pilar Enériz