UN PASO TRAS OTRO,

la mujer des- ciende lentamente los grandes esca- lones que conducen al Ganges. Pese a que sólo han despuntado los prime- ros rayos de luz, el lugar se encuentra completamente atestado de una mul- titud de peregrinos, devotos y ascetas, a los que se une una muchedumbre de mendigos, vendedores, barqueros y demás gente que vive del río sagrado. Remanga su túnica de colores vivos y sumerge sus pantorrillas en el agua oscura. Completamente entregada a su experiencia mística, forma un cuen- co con sus manos, toma agua, y deli- cadamente humedece su nuca. Cul- mina aquí su viaje, el que le ha llevado hasta Benarés –centro de educación y civilización durante 2.000 años– para limpiar su alma.

La ciudad, un entra- mado de callejuelas estrechas, oscu- ras e insalubres, resulta para ella un lu- gar idílico, el enclave donde desearía ir a morir para, según su creencia, ase- gurarse un acceso directo al cielo. Un cúmulo de sombras se reúne en otra de estas escalinatas, llamadas ghats, para dar el adiós definitivo al pa- dre de familia, cuyo aliento cesó pocas horas antes. Lavan el cuerpo en el río, envuelto en brillantes colores. Una vez seco, lo depositan con cuidado en una pira de leña y, mezclando la tristeza y la alegría del momento, le prenden fue- +el recorrido go. Tres jóvenes, probablemente sus hijas, entonan una hermosa melodía mientras el sacerdote realiza su ritual Siete horas más tarde, ya convertido en cenizas, el cuerpo es arrastrado po la sinuosa corriente del Ganges.

Benarés es una adaptación de su antigua denominación, que significaba ‘la ciudad entre dos ríos

LA CIUDAD DE ORIGEN

Neela, que así se llama la mujer, pro viene de Agra, tercer vértice del trián gulo turístico indio, junto a Delhi y Jai- pur. El reclamo de su ciudad es el sim- bólico y majestuoso Taj Mahal, de cu- ya blanca superficie el sol arranca ca- da mañana una delicada gama de co- lor, mientras en su interior reina la pe- numbra. “Una lágrima de mármol detenida en la mejilla del tiempo”, había dicho poéticamente el Premio Nobel Rabindranath Tagore. Aparte de la belleza artística de es- te símbolo del arte moghul –fusión de los estilos islámico e indio–, lo que siempre fascinó a Neela es la historia de amor que inmortaliza el monumen- to, y que solía explicar a sus pequeños antes de que el sueño les venciera. El emperador Shah Jahan no podía sentir un amor tan profundo por Arju- mand Banu Begam, su esposa e hija del ministro Asaf Khan, con quien ha- bía contraído matrimonio cuando ella contaba 20 años, en 1612. Pero el des- tino jugó una mala pasada a los ena- morados, y Arjumand falleció a los tres años de subir al trono Jahan, cuando dio a luz a su 14º hijo. Trastornado por el dolor, el emperador emprendió en- tonces la construcción del mausoleo que inmortalizaría a su amada, em- pleando en su construcción a 20.000 operarios.

Llegados a este punto, los chiquillos normalmente ya dormían. Si no era así, Neela finalizaba el relato su- surrando misteriosamente: según la tra- dición, en los últimos años de su vi- da, minado por la enfermedad y preso en el Fuerte Rojo de Agra por su hijo Aurangzeb, Shah Jahan pasó largas horas contemplando desconsolado la blanca tumba de Mumtaz, tan cercana y, al mismo tiempo, tan inalcanzable.

 Ruta por el Rajastán

Partiendo de Agra, se atraviesa Fathepur Sikri, la úl- tima ciudad levantada por el emperador Akbar, mis- teriosamente abandonada –según se cree– por falta de agua. Tras ésta, se alcanza Jaipur, capital del es- tado del Rajastán y conocida como la ciudad rosa, por sus edificios hechos en piedra arenisca de tonos rojizos. Al salir de Jaipur, es obligatoria la parada en Mandawa, para visitar el Palacio de Dundlod y los im- presionantes palacetes decorados con frescos de co- lores (havelis). Algunos kilómetros más allá, se en- cuentra la ciudad fortificada de Jaisalmer, situada en pleno desierto del Thar, frontera con Pakistán. Ro- deada por un mar de dunas, aún conserva el aire de lo que antaño fuera un importante centro de abas- tecimiento para el paso de las caravanas. Su princi- pal encanto reside en sus edificios de piedra are- nisca amarilla. Entre sus construcciones destaca especialmente el fuerte, por ser uno de los más antiguos del Rajastán. La siguiente parada de la ruta es Jodhpur, otra de las principales ciudades rajastanas, cuya impresionante fortaleza domina el barrio azul de los brahamanes. Fundada en el año 1459 por el rey Jodha, el lugar aparece en una gran meseta de gres, rodeada por una mura- lla con siete puertas. Cerca de allí se levan- tan las colinas de Aravali, vestigios de la ca- dena montañosa más antigua del subconti- nente. Entre formaciones de rocas con aca- cias espinosas y palmeras de dátiles, sobre- sale el mayor centro turístico de la región, Mount Abuy, en una meseta aislada rodeada de un bosque exuberante. Desde aquí se pueden rea- lizar múltiples excursiones a los extraordinarios tem- plos de la región, entre los que destaca el de Arbu- da Devi, esculpido en una vertiente rocosa. Más información en la lista de ofertas de viajes a la India de Soiono Viajes Lejanos.