¿LE GUSTA EL FRÍO? Un viaje a Islandia significa, ante todo, un viaje al frío. Significa también para un español conocer el país europeo más distinto al suyo propio. Se trata de un país isleño, dominado por una meseta con una altura media de 500 metros, con un 52% de su superficie formada por un desierto de lava y hielo, unas temperaturas medias que oscilan entre los 15 grados sobre cero y los 5 bajo cero y unas temperaturas mínimas que superan en mucho la media. A todo ello se añaden unos fuertes contrastes entre el paisaje polar y la presencia de volcanes, géiseres y aguas termales y una iluminación natural donde adquieren protagonismo el sol de medianoche y las auroras boreales. Con una cierta industria, una pobre agricultura y un inteligente aprovechamiento de la energía geotérmica, la base principal de la economía islandesa es la pesca, que representa el 80% de sus exportaciones. INFLUENCIA VIKINGA La historia señala que la base de la población islandesa son los colonos noruegos que llegaron a la isla entre los siglos IX y X, lo que determina una fuerte influencia de los vikingos. La isla, que cuenta con unos 275.000 habitantes que hablan islandés, adquirió su independencia completa en 1944 y se enorgullece de que su parlamento, Thingvellir, es el más antiguo de Europa y de que su capital, Reikiavik es la más septentrional del mundo. Junto a ella, se levantan otras ciudades destacadas como Kópavogur o Akureyri. Para cualquier turista que llegue a estas latitudes es importante descubrir la realidad de un país que se enorgullece de que su idioma no haya evolucionado desde el siglo XII o de que su capital posea la sofisticación de una ciudad europea que, al mismo tiempo, está rodeada por uno de los paisajes más bellos de la tierra. Aquí, la expresión beber como un islandés implica un nivel sólo comprensible cuando se disfruta durante toda la noche de los bares y locales que rebosan calor y simpatía. Imperdonable sería marcharse sin antes haberse bañado en la laguna azul de la península Reikianes, cuyas aguas termales ricas en minerales están rodeadas por un escenario de nieves y campos de lava. En definitiva, no cabe ignorar que Islandia, pese a que su nombre significa tierra de hielo, ofrece un sol que brilla toda la noche hacia finales del mes de junio y que las auroras boreales dibujan una imagen del cielo que constituye un auténtico espectáculo para todos los públicos.