Veintiseis millas (poco más de 40 kilómetros) separan a dos ciudades hermanas del condado de Yorkshire. Dos lugares completamente diferentes que comparten alma. Leeds se abre paso entre el halo que dejan Manchester, Liverpool y, sobre todo, Londres. Y sin tener su magnitud, ha logrado concentrar la atención de muchos cazatendencias y líderes de opinión, que ven en ella un más que potencial filón a explotar. York, por el contrario, representa todo lo opuesto. Con la quietud del que observa la vida pasar, esta ciudad milenaria ofrece sin esfuerzo un remanso de paz y sosiego, que en ocasiones se puede ver interrumpido por la presencia de algún espíritu que vaga por sus calles: no hay que olvidar que York es oficiosamente la capital de los fantasmas de Inglaterra. Curiosa es la dicotomía entre estas dos ciudades que, estando tan cerca, laten y viven tan diferente. Compras es quizás la palabra mágica con la que Leeds se hace cada día económicamente más fuerte. Su compacto y peatonal distrito comercial marca la moda. El más famoso de los comercios británicos, Marks and Spencer, comenzó aquí en 1884, cuando Michael Marks montó un puesto de venta de botones, manteles y calcetines en el Leeds Market con el eslogan No pregunte el precio, todo a un penique. Ese bazar del penique evolucionó hasta convertirse en M&S, y el magnífico Market Hall de Kirkgate, construido en 1904, alberga ahora más de 700 puestos y es el mayor mercado cubierto de Europa.

AIRES DEL MEDIEVO

En contraposición, la tradicional York ofrece sus populares Shambles, uno de los mejores ejemplos medievales de zona comercial que se conservan en Europa. Aunque ninguno ha mantenido su fisonomía original, la mayoría ha respetado los artesonados de madera de sus ventanas donde siglos atrás colgaban las piezas de carne junto a los productos del día. Muy distinto a los cafés y pequeñas boutiques que ocupan el lugar hoy por hoy. Pero lo que de verdad le gusta a York es poder contar su historia. Romanos, normandos y vikingos han sido algunos de sus pobladores, que se encargaron de dejar su huella por todos los rincones de la ciudad. Ejemplos claros son sus tres kilómetros y medio de muralla, que permiten innumerables perspectivas de la ciudad y, siempre visible, su magnífica catedral, una de las más grandes del norte de Europa, construida en el siglo XIII. Gran parte de la historia de la ciudad (incluyendo su nombre) tiene mucho que ver con los vikingos, que llegaron aquí hacia el siglo XI. El Yorvik Centre es un excelente recorrido por la vida y las tradiciones de este pueblo milenario. Pero si de algo presumen con orgullo los locales, es de la innumerable cantidad de fantasmas, casas encantadas y, sobre todo pubs, en los que todavía es posible vivir experiencias sobrenaturales. El más famoso de ellos es The Black Swan (el cisne negro), situado en Peasholme Green. Todo lo que York tiene de pasado esplendoroso parece querer ser copiado por Leeds con el fin de diseñarse un presente igual de magnífico que el de su hermana mayor. Además de moda, otros sectores como la literatura y el cine, el arte, la arquitectura, la gastronomía y la música son estandartes claros de la nueva ola que barre la ciudad: el festival internacional de cine, que ya lleva celebradas 22 ediciones, donde cintas sobre derechos humanos, ecología, terror o documentales de música tienen cabida; la compañía local de danza contemporánea Phoenix Dance Theatre, reconocida y premiada internacionalmente y dirigida por el coreógrafo salvaje, Javier de Frutos, un venezolano afincando en la ciudad; el maravilloso edificio victoriano Corn Exchange que, tras una gran reforma, vuelve a brillar y que se ha convertido en un verdadero emporio para sibaritas y gurmets… Quizás animado por proyectos como este, uno de los alumnos más aventajados de Ferran Adrià decidiera abrir el excelente restaurante Anthony’s que, desde hace cuatro años, deleita a los paladares locales. ¿Y la música? Pues también. El apéndice para el norte de Inglaterra del festival de Reading se llama Leeds Festival y desde el año 99 anima los veranos de la ciudad. Allí realizaron uno de sus primeros conciertos multitudinarios unos paisanos llamados Kaiser Chiefs, que ahora triunfan por medio mundo. El yin y el yang, el blanco y el negro, la noche y el día. Diferentes pero absolutamente complementarias. Así son estas dos ciudades hermanas que se miran de frente y que aprenden la una de la otra sin pudor alguno. Leeds a la última y York con la seguridad del que ha vivido más y sabe lo que va a pasar.