EL 4 DE OCTUBRE DE 1883 un lujoso tren partió de la estación de Strasbourg, en París, con destino a la lejana Rumanía. Se llamaba Orient Express, y transportaba a unos cuarenta pasajeros, invitados por aquel que había concebido la osada idea: el belga Georges Nagelmackers. Este viaje inaugural fue seguido con titulares en publicaciones de todo el mundo civilizado, gracias a la presencia a bordo de un destacado periodista de The Times, Henri Stefan Opper de Blowitz, quien aderezaba sus crónicas con entrevistas a las figuras más señeras de los países recorridos, como el rey Carlos de Rumanía y el soberano de Turquía, el sultán Abdul Hamid II, la sombra de Dios en la Tierra. Tras este primer viaje histórico, los ricos y famosos, los aristócratas y los magnates, viajaron en el Orient Express hasta ciudades como Viena, Budapest, Bucarest o Constantinopla. Fue en la década de 1890 cuando se acuñó la expresión el tren de los reyes, el rey de los trenes, y 30 años más tarde empezarían a surgir las leyendas de espionaje y misterio, crimen e intriga que han acompañado a este tren durante toda su historia. La primera guerra mundial interrumpió salvajemente los viajes en tren por Europa. Y en uno de los vagones del Orient Express (el 2419) se firmó la redención alemana en 1918, por lo que se conservó como monumento y fue usado por Hitler para la firma de la redención francesa en 1940, antes de destruirlo en 1945 para evitar que cayera en manos aliadas. No fue hasta 1977 que James Sherwood, fundador y actual presidente de Orient Express, acudió a una subasta en Montecarlo y compró dos coches cama: así empezó el proceso de reconstrucción del gran tren. Desde entonces se han adquirido cerca de 35 vagones restaurante, pullmans (coches con asientos) y coches cama originales que han sido restaurados en Europa. La reconstrucción de los coches, genuinas antigüedades de enorme valor histórico, fue una magna empresa que requirió una intensa labor de diseño y una renovación completa, no solo de su maquinaria, sino también de los interiores.

REVIVIR EL MITO

Romance, aventura y placer siguen íntimamente relacionados con este tren, con sus viajes a través de las más tentadoras ciudades de Europa. Además del viaje original (París-Budapest-Bucarest-Estambul/ Estambul-Bucarest-Budapest-Venecia), hay muchas otras rutas en función de las ciudades que se quiera atravesar: París, Venecia, Roma, Londres, Viena, Praga y, desde el 2007, el recorrido Venecia- Viena-Cracovia-Varsovia-Praga. Subirse a bordo del Venice Simplon Orient Express no es como tomar cualquier otro tren en marcha. Viajar aquí implica una cierta etiqueta: entre las lámparas Lalique, las burbujas de champán y las copas de cristal, se respira el mismo ambiente elegante que cuando hace unas décadas se iba a la ópera, con los demás viajeros como actores cómplices de una celebración a la antigua. La experiencia llena de encanto y elegancia este alojamiento de lujo en movimiento. El viajero puede disfrutar del vagón piano bar y sus cócteles refinados antes de darse cita en alguno de los restaurantes, tres espacios alargados con una luz tamizada donde los platos y las copas se suceden mientras desfila el paisaje. Cuando termine la sopa estará ya en Suiza, en Italia, en Hungría o cerca de Turquía. Por la mañana tocarán a su puerta: un té caliente en manos de su asistente de cabina, que estará a su disposición durante todo el viaje, asegurando un servicio atento y muy completo y convirtiendo su cabina, cada noche, en un verdadero dormitorio. El vaivén del ferrocarril adormece a cualquiera. Acuna en un sueño que hace revivir tiempos pasados, aquellos en los que Hércules Poirot –la creación de Agatha Christie– investigaba homicidios como el que tuvo lugar en este gran gusano de metal. Tranquilidad, que era ficción.