PAISAJE URBANO

de más de 500 pelí- culas, muchas de ellas míticas como El halcón maltés o La fuga de Alcatraz, cu- na de la generación beat, el movimiento flower power y capital de la liberación gay, San Francisco seduce a los deseo- sos de aventuras artísticas, a los inda- gadores y a los que buscan un camino alternativo. La ciudad más europea de Estados Unidos es un lugar joven que nunca pasa de moda. Mantiene los mis- mos símbolos que hace medio siglo: los tranvías, el Golden Gate y Chinatown. Esta bahía de la costa de California for- mada por 43 colinas ofrece bellas vistas desde cualquier calle empinada por la que trepan, como cabras montesas, los míticos tranvías victorianos. La zigza- gueante Lombard Street es la calle más sinuosa del mundo, una especie de mon- taña rusa por la que cada año descien- den 750.000 vehículos. Además de ser fotografiada diariamente por decenas de turistas, ha servido en más de una oca- sión de escenografía para carreras de coches en muchas películas de acción.

El rojizo Golden Gate es un puente col- gante de 2.740 metros, con dos torres en los extremos –desvaneciéndose en la niebla– que aguantan los cables en los que se sujeta la carretera. Esta impre- sionante obra de ingeniería de estilo art- déco conecta San Francisco con el Ma- rin Headlands o Marin County, una zona montañosa desde la que se puede visi- tar el pequeño pueblo costero de Sau- salito, residencia de los artistas locales. El tráfico fluye en ambas direcciones, ha- cia y desde Marin County. El Fisherman’s Wharf, el antiguo puer- to pesquero de la ciudad, ofrece una magnífica panorámica de la bahía y del Golden Gate. Desde esta zona portua- ria, puede embarcarse en un transbor- dador que llega a la isla de Alcatraz, co- nocida por albergar, entre 1934 y 1963, la prisión de máxima seguridad: La Ro- ca albergó a criminales de la talla de Al Capone y ningún preso que intentó fu- garse llegó vivo a San Francisco

CAFÉS ‘BEATS’ Y ‘DIM SUM

’ Desde lo alto de la avenida de Colum- bus, entre Chinatown y North Beach, se pueden admirar los edificios del distri- to financiero, entre ellos la Transameri- ca Pyramid, un rascacielos puntiagudo que se ha convertido en otro de los sím- bolos de la ciudad. Tras cruzar la puer- ta de jade verde en Grant Avenue entra- rá en el exótico barrio de Chinatown, descrito como una ciudad dentro de una ciudad. Es la zona más densamente po- blada de San Francisco y la mejor forma de explorarla es a pie. El turista podrá comer dim sum o sopa de albóndigas de pescado, comprar artesanía de jade, jo- yería y vestidos de seda. Por otro lado, en el barrio de North Beach, los aspi- rantes a poetas podrán sentarse en ca- fés como el Vesubio, donde beats como Jack Kerouc y Allen Ginsberg se dedi- caban a jugar con las palabras.

Para to- mar una cerveza recién destilada, nada mejor que el San Francisco Beeving Company, y para tomarse una copa con historia, en The Saloon (la barra es de 1861) o el Caffé Trieste (considerada la cafetería más antigua de la ciudad). Pe- ro en Hight Ashbury, el barrio donde es- talló la revolución hippy en los sesenta, todavía quedan numerosos bares, tete- rías y cafés con reminiscencias. Sin em- bargo, el corazón de la ciudad bombea hoy en día en Union Square, un vibran- te foco de tiendas elegantes, tranvías y puestos de flores. San Francisco siempre se sale del guión. Como escribió Jerry Camarillo Dunn en la guía del National Geograp- hic: “La interrelación entre el agua, las colinas y el cielo le confieren un ritmo, un latido efervescente parecido al jazz”.

TEXTO NEUS VILL

Los tranvías, e puente Golden Gate y el barri de Chinatown son algunos de sus símbolos